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reunión del fondo monetario internacional y el banco mundial

Los riesgos del pulso entre Trump y China marcan la gran cita del FMI

La asamblea de primavera, eclipsada por la guerra comercial

 

Operarios mientras transportan bolsas de habas de soja en un puerto en Nantong (China). - EFE

El giro hacia el proteccionismo, y el creciente riesgo de guerra comercial entre Estados Unidos y China, marcarán la asamblea de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) que congrega a los principales líderes económicos globales esta semana en Washington. El sistema multilateral «de reglas y responsabilidad compartida» que ha impulsado la globalización y ayudado a millones de personas a salir de la pobreza «está ahora en riesgo de ser quebrado», indicó Christine Lagarde, directora gerente del FMI en un discurso esta semana en Hong Kong. «Los gobiernos necesitan alejarse del proteccionismo en todas sus formas. La historia nos muestra que las restricciones a las importaciones dañan a todo el mundo, especialmente a los consumidores más pobres», agregó Lagarde. Fuentes del Fondo reconocen que el debate proteccionista, centrado en la pelea comercial entre Washington y Pekín, marcará la reunión y lamentaron que eclipse el buen momento económico global, con crecimiento generalizado en casi todo el mundo.

En este sentido, Lagarde remarcó su optimismo al recalcar el «continuado y fuerte alza» que muestran las positivas proyecciones de crecimiento mundial, y que definitivamente ha dejado atrás la aguda crisis de hace ocho años. El Fondo divulgará este martes su informe de cabecera, las «Perspectivas Económicas Globales», en el que revisará sus cálculos de crecimiento que en enero situó en un más que saludable 3,9% tanto para 2018 como para 2019. La llegada al poder del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha trastocado la base del orden económico global al plantear dudas sobre el libre comercio y sus nocivos efectos sobre los trabajadores estadounidenses. El pasado marzo, Trump pasó de su agresiva retórica proteccionista a la acción, y anunció la imposición de aranceles del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio. Aunque posteriormente matizó estas medidas, al eximir a la UE, Canadá, Australia, México y Argentina, sentó las bases de una temida espiral de represalias comerciales internacionales.