Tolo Leal Tolo Leal 03/09/2007

La selección Española llega a la cita más importante del baloncesto europeo a nivel de selecciones como la clara candidata. Bien es cierto que un exceso de relajación podría ser fulminante, pero los datos están ahí, y éstos no nos hacen más que reafirmar esta idea.

Y decimos esto por muchos motivos. España se ha mostrado durante la “pretemporada” como el equipo más en forma, siendo el único capaz de convertir todos los partidos en triunfo (ocho de ocho). Pero es que la racha no se queda ahí, sino que la selección tiene en su haber 26 victorias consecutivas o, lo que es lo mismo, lleva un año, un mes y cinco días ganando, desde la preparación del Mundial de Japón.

¿Más?. En sus filas juega el, después de Dirk Nowitzy, claro, mejor jugador europeo, Pau Gasol, quien, lejos de convertirse en la típica estrella egocéntrica que tanto abunda en las selecciones europeas, se disfraza de jugador terrenal para ayudar en todo al equipo, siempre aportando ese grado de calidad que casi nadie puede alcanzar. Además, se trata del combinado nacional que mayor número de jugadores NBA presenta, con Calderón y Garbajosa (Raptors), Navarro y Gasol (Grizzlies) y Sergio Rodríguez (Portland). Y eso que Rudy y Marc no se han querido ir…

También hay que destacar, como no, la labor del entrenador. Pepu Hernández ha confeccionado lo que de verdad puede llamarse un equipo, un conjunto en el que no hay ninguna “estrellita”, sino que todo son estrellas; donde todos se conjuran para atacar y defender al unísono y, sobretodo, donde más que jugadores profesionales, quienes juegan son “amigos”. Y es que el espíritu que invade a esta España es el de un compañerismo, una solidaridad entre todos y, sobretodo, lo que ellos mismos denominan “un buen rollo”, que ya quisieran para sí los turcos, serbios o franceses.

Si a todo esto añadimos que juega en casa (primero en Sevilla, y después en Madrid), con todo lo que ello implica, y que además es la actual campeona del mundo (ahí es nada), parece que el objetivo es claro: el oro. Pero España no debe relajarse, debe salir siempre a demostrar que es el mejor, que lo es, y que, juegue contra Portugal o juegue contra Grecia, lo da todo. Y es que, posiblemente, el mayor rival de España sea la propia España.

A cambiar la historia
A España le persigue una especie de “bestia negra” en las finales europeas, y es que en todas las ocasiones en que la ha alcanzado, siempre se ha llevado una derrota. En total, 5 finales, 5 platas.

La primera en la frente fue ya en la primera edición, disputada en Suiza en 1935, y en la que perdió frente a Letonia. Mucho tiempo pasó hasta que la selección se colase en otra final; fue en Barcelona, en 1973, y aunque España se presentó con jugadores de la talla de Corbalán o Brabender, sucumbió ante la antigua Yugoslavia. En 1983, con Fernando Martín como gran estrella perfectamente secundado por Epi, se perdió ante Italia en Francia, un año antes de uno de los hitos más importantes de la historia de España: la plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84.

En la última década, España ha perdido dos finales más; en 1999, en París, volvió a ser Italia, con Carlton Myers y Gregor Fucka, quien se antepuso a un equipo capitaneado por Alberto Herreros, y donde estaban jugadores como Nacho Rodríguez, Alfonso Reyes, Roberto Dueñas o Carlos Jiménez. Españo anotó sólo dos puntos en los primeros 11 minutos, y acabó perdiendo por 64 a 56.

La última “catástrofe” vino en el año 2003; España llegaba a la final de Suecia con grandes aspiraciones, con un equipo en el que ya había gran parte de los jugadores actuales, como Gasol, Navarro, Calderón o Jiménez, pero no pudo en ningún momento con la Lituania de Jasikevicius, Macijauskas y los hermanos Zukauskas, que se impusieron por 93-84, pese a los 38 puntos de Gasol.

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