L a geisha Cio-Cio-San está enamorada del capitán norteamericano Pinkerton, que la usa como «esposa temporal» en la «cruda encarnación» del irreconciliable conflicto entre dos civilizaciones que Puccini tituló Madama Butterfly y que el Teatro Real de Madrid recupera en la sensual y cinematográfica versión de Mario Gas.

El montaje del director teatral y de ópera (Montevideo, 1947) se estrenó en el Real en 2002, al que regresó en 2007 y ahora, en su vuelta diez años después, tiene la «misma vitalidad» que entonces: «le han cogido gusto a la reposición», bromea Gas. La diferencia, explica, es que en esta ocasión se han encargado de recuperar la pieza, bajo su supervisión, Justin Way y Marco Berriel, mientras que en la anterior fue un trabajo de José Antonio Gutiérrez, fallecido hace tres años.

«Son absolutamente solventes. Hemos hablado mucho, existen los vídeos de las puestas en escena... Está todo meticulosamente apuntado y, además, participan Franca Squarciapino, que se encargó de los figurines, y Vinicio Cheli, el iluminador, para garantizar que todo es exactamente igual», detalla.

Sin embargo, precisa, «hay algo muy importante» que influye en cómo resulta el montaje y es «el factor humano», es decir, los cantantes del reparto, que imprimen su propia personalidad, «y hay que tener en cuenta que en esta ocasión ¡son tres distintos en algunos papeles!», se ríe.

Los papeles de Cio-Cio-San y Suzuki estarán interpretados en el primer reparto por Ermonela Jaho y Enkelejda Shkosa, y en el segundo por Hui He y Gemma Coma-Alabert.

En el caso del de Pinkerton y Sharpless serán tres repartos distintos: Jorge de León, Andrea Care y Vicenzo Costanzo para el papel del capitán, y Ángel Ódena, Vladimir Stoyanov y Luis Cansino en el del cónsul estadounidense en Nagasaki.

La versión de Gas rodea a la ópera de Puccini con un ambiente en blanco y negro, el propio del cine de los años 30, porque él propone tres perspectivas simultáneas: la ópera en sí, el rodaje de la pieza y su reproducción en blanco y negro en una gran pantalla. «Es una filmación en unos estudios en los albores del cine sonoro, en la época dorada de Hollywood. Una tragedia japonesa con estética chinoiserie, de una tensión brutal», detalla Gas.

Los personajes adquieren «dimensiones épicas de tragedia» por lo que supone una historia de dominación cultural: «todo sigue siendo muy válido en la actualidad y supera la barrera del tiempo», sostiene. La inclusión de un reparto nuevo «lleva a mundos que, aunque aparentemente sean iguales, facilitan matices distintos con su color de voz, con su tensión».

Gas tiene en la actualidad tres óperas «vivas», que se reponen con frecuencia: Madama Butterfly, L’elisir d’amore y Don Giovanni, y ahora está ensayando y preparando Calígula para el Festival de Mérida y el Grec, que saldrá de gira para terminar en el teatro Romea de Barcelona. Al mismo tiempo está con la reposición en el Teatro de la Abadía de Incendios, de Wajdi Mouawad.