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ADIÓS A UN GRANDE DE LA MÚSICA

Muere Leonard Cohen, el asceta sublime del pop

El cantautor canadiense, de 82 años, fue un visionario, autor de obras maestras como 'Songs of Leonard Cohen' y de temas tan populares como 'Hallelujah' o 'Dance me to the end of love'

 

RICARDO MIR DE FRANCIA
11/11/2016

El legendario cantautor y poeta canadiense Leonard Cohen ha muerto esta madrugada a los 82 años, según ha informado su entorno a través del perfil del músico en la red social Facebook. "Hemos perdido a uno de los visionarios más venerados y prolíficos de la música", apunta el texto, que no informa del lugar ni de las causas de la muerte. Lo que sí especifica la escueta nota es que se organizará un homenaje al artista en Los Ángeles, la ciudad en la que residía, en una fecha todavía sin determinar.

Leonard Cohen vivía en el segundo piso de una casa que compartía con su hija Lorca y su niño de cinco años en el barrio de Willshire de Los Ángeles. Salía poco. Estaba enfermo. "Confinado en los barracones", como él mismo decía. Pero el orden físico y mental le reconfortaba y quiso acabar el que ha sido su último disco, 'You Want it Darker', el décimo cuarto álbum de estudio de su extraordinaria carrera. Lo hizo allí mismo. Su hijo Adam instaló un micrófono en la mesa del comedor y llenó la sala de guitarras acústicas y ordenadores. Le trajo también una silla ortopédica para que pudiera moverse sin esfuerzo. Solo tenía que cantar. "Ocasionalmente, en ataques de alegría y pese al dolor, se levantaba para ponerse en frente de los altavoces y los dos repetíamos una canción una y otra vez como si fuéramos adolescentes", le contó Adam a 'Rolling Stone'.

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El disco es tan bueno como casi todo lo que ha firmado Cohen, el poeta de traje entallado e autoironía de hombre sabio que cogió la guitarra cuando entendió que solo de los versos no podría vivir. Este jueves se ha ido a los 82 años, dejando atrás un cancionero exquisito con títulos como 'Bird On a Wire', 'Hallelujah' o 'Everybody Knows' y millones de devotos de su trabajo en todo el mundo. "Mi padre falleció en paz en su casa de Los Ángeles sabiendo que completó el que él creía que era uno de sus mejores discos", ha dicho su hijo después de que la discográfica Sony Music adelantara la noticia en la página de Facebook del cantautor. "Estuvo escribiendo hasta sus últimos momentos con ese humor tan único que tenía". Las causas no se han revelado, pero según 'The New Yorker', que lo entrevistó en octubre después de mucho tiempo de silencio, tenía cáncer.

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Aquella entrevista en 'The New Yorker' se hizo muy pronto viral, al revelar que estaba listo para morir, algo que por otro lado llevaba algún tiempo pregonando en sus canciones, desde 'Going Home’ a 'You Want it Darker', el título que abre el nuevo disco y que regaló a sus fans por su 82 aniversario. 'He luchado con algunos demonios/ Eran de clase media y domesticados/ No sabía que tenía permiso para asesinar y mutilar/ Tú lo quieres más oscuro / Hineni/ Estoy listo, Señor'.

En sus cinco décadas de carrera, escribió sobre el amor y el sexo, la espiritualidad y la guerra, el éxtasis o la depresión con la que tuvo que batallar en algunos momentos de su vida. "El maestro de la desesperación erótica", lo llamó su discográfica en una campaña de los años setenta. Si Bob Dylan puede escribir canciones en el rato que tarda en vaciarse una cerveza, Cohen lo hacía como un amanuense, hurgando en el alma, y algunas tardaron años en completarse. Diáfanas algunas, pero crípticas muchas otras, las cantó siempre con esa voz grave de barítono meditativa y sarcástica que te envuelve entre susurros. Sus primeros discos, 'Songs of Leonard Cohen' (1967), una obra maestra que incluye piezas como 'So Long, Marianne' o 'Suzanne', y 'Songs From A Room' (1969) son pura desnudez folk. Pero con el tiempo añadió teclados y sintetizadores, se acercó al jazz, hizo duetos con su inseparable Sharon Robinson o sazonó sus melodías con mandolinas, como si la vida fuera un eterno picnic en una isla griega.

Aunque el canadiense marcó a varias generaciones de amantes de la música, no siempre tuvo éxito comercial y el reconocimiento masivo, con temas como 'Dance me to the end of love' o 'First we take Manhattan', y los premios solo le llegaron al final, coincidiendo con su regreso a los escenarios en el 2008 después de que su manager, Kelley Lynch, le hiciera un desfalco de cinco millones de dólares de las cuentas de su pensión. Ninguno de sus discos fue premiado con un Grammy. "A medida que nos abrimos camino hacia la línea de meta que algunos de nosotros ya hemos cruzado, nunca pensé que conseguiría un Grammy", dijo al recibir en el2010 uno por su carrera. "De he hecho me ha emocionado la modestia de su interés".

Nacido en Westmount (Quebec) el 21 de septiembre de 1934, en el seno de una familia judía, empezó a tocar la guitarra de adolescente con la ayuda de un profesor de flamenco español que desapareció un día sin más explicaciones, pero dejándole los secretos que conformarían su estilo. Tras acabar la carrera se trasladó a la isla griega de Hidra, donde se compró una casa por 1.500 dólares, y conoció a la que sería una de sus muchas amantes y musas, la recientemente fallecida Marianne Ihlen. Allí escribió libros de poesía, como 'Flores para Hitler', y también novelas como 'Beautiful Losers' o 'Favourite Game'. Federico García Lorca fue uno de sus grandes referentes.

Los libros no vendieron demasiado y en 1966 se fue a Nueva York a explorar la naciente escena folk. En la Gran Manzana se rodeó de una troupe de artistas que le ayudaron a despegar. Nombres como Nico, Lou Reed, Patti Smith y, particularmente, Judy Collins, que fue la primera en grabar 'Suzanne', después de que Cohen se la cantara por teléfono. Como músico, una piel en la que no siempre se sintió cómodo, giró de forma infatigable, teniendo que vencer un recurrente miedo escénico, que le llevó incluso a bajarse del escenario en 1972. Probó con todo, desde el más caro vino francés, a los alucinógenos.

En constante búsqueda espiritual, que le llevó a explorar desde el cristianismo a la cienciología, a mediados de los noventa se ordenó como monje en un monasterio budista de Los Ángeles, donde pasó varios años de vida ascética y silenciosa. En esa misma ciudad presentó hace solo unas semanas su último disco. "No tengo ni idea de lo que estoy haciendo", les dijo a los periodistas. "Conforme me acerco al final de mi vida, tengo menos y menos interés en examinar lo que deben ser evaluaciones y opiniones muy superficiales sobre el significado de la vida o el trabajo de uno. Nunca me incliné a hacerlo cuando estaba sano y ahora me inclino menos".

Entre los múltiples galardones que recibió a lo largo de su trayectoria figura el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras que obtuvo en el 2011.

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