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LA OPINION

La fiesta de los patios: buscar el equilibrio

 

MIGUEL GOMEZ
23/12/2012

Sinceramente, no sé si es una buena noticia la inclusión de la Fiesta de los Patios en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Lo será si el Ayuntamiento muestra la sensibilidad suficiente para gestionar las visitas de una forma equivalente a la intimidad de los patios, ese culto vegetal, que es su razón de ser. Aprendamos de lo que pasó con el 2016: llenar el puente romano de gente, las fotos aéreas, la marea azul, ese perfil bullanguero y espectacular. Aquella actitud futbolera de tratar la cultura no sirvió, qué vergüenza, hicimos el ridículo. No hagamos un tívoli de los patios, no vayamos a poner altavoces atronadores de feria como en las cruces o en la cata del vino, no midamos el éxito de los eventos por la bulla, por favor, sino por la calidad de las propuestas. Llenarse la barriga nunca fue alimentarse bien, entendamos lo mismo para el turismo y la cultura. Si colapsamos con autobuses San Basilio y la Puerta de Sevilla para inundar el barrio de turistas, nos cargamos Los Patios. Le pido a nuestro alcalde, José Antonio Nieto, valentía política para hacer valer la elegancia, confío en su inteligencia, y, si me permite, confío en su educación y en su comportamiento. Es sencillo de entender. Cada manifestación cultural precisa una forma de promoción personalizada, y precisamente, los Patios, tienen mucho de capilla, de reserva, de invernadero, de arquitectura íntima, de jardín vertical, y de saber estar, porque precisan de silencio y contemplación para que las protagonistas sigan siendo las plantas y la conversación. Es obligado buscar el equilibrio para compartir los Patios sin distorsionarlos. Además, es prioridad saber contar los Patios fuera de Córdoba, explicarlos bien, y para ello se necesita un gabinete de comunicación, a los profesionales, saber colocar la noticia donde hay visibilidad internacional, no en revistas o portales en la línea de Eurovegas, sino en publicaciones especializadas de arte y cultura. No vayamos a ser fulleros con nosotros mismos ni con la Unesco, hagamos con los patios ahora lo que pusimos en el dossier. Midamos la soberbia, evitemos creer que nos lo merecemos todo. La mejor forma de agradecer el reconocimiento que nos dan es cumplir. Tenemos una oportunidad única para redefinir la identidad de Córdoba, para ganar credibilidad, para que los Patios den a Córdoba prestigio, y no que le quiten el que nos queda. Lo que hagamos con los patios se lo hacemos a Córdoba entera. Como dijo aquel sabio señor en la cuesta del Bailío, "seriedad cordobesa, nada de folclore andaluz".