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FERIA DE TEATRO DEL SUR / CRÍTICA

Dolor y humor de la mano

 

Un momento de la representación de ‘La última boqueá’. - GERARDO SANZ

JUAN ANTONIO DÍAZ
08/07/2017

La propuesta que The Nose Theater presentó como espectáculo para toda la familia fue Namor, el niño pez, basada en la tragedia de Aylan Kurdi. A partir de este hecho real, el hallazgo del cadáver del niño sirio, Aylan, encontrado en una playa de Turquía, la compañía presenta una propuesta difícil y arriesgada por el tema del que se hizo eco la prensa de todo el mundo ¿Cómo compaginar títeres para niños con la visión crítica de la muerte?

El director de la puesta en escena, Chema Caballero, da con la respuesta perfecta junto a las tres actrices: Marina Brox, Andrea Vargas y Julie Vachon. Los planos de la realidad se superponen. Así, la huida y muerte de Aylan se narra a partir de unas proyecciones en vídeo para que, al llegar ya muerto a la playa, se transforme en Namor, el niño que se pregunta ¿Dónde está mi mamá? A partir de ahí se despliega toda la aventura imaginaria, la fantasía hace que se convierta en un niño pez al cambiar sus pies por una cola para nadar y así poder buscar a su madre debajo del mar.

Diversos personajes aparecen en escena, cada uno con su historia: el pescador de ballenas junto a este cetáceo, la tortuga atrapada entre las redes, los caballitos de mar, el tiburón. Namor interviene para intentar salvarlos y aquí se crea una atmósfera especial con una manipulación perfecta por parte de las actrices que crean una relación mimética desde el alejamiento de la realidad, muy conseguida con cada uno de los personajes, que son todos marionetas, hasta llegar a la conclusión de la obra con el cuerpo del niño sirio sobre la arena de la playa. Un espectáculo muy aplaudido por niños y mayores.

‘VUELA’ / Una mampara desde donde salir a escena y sobre la que proyectar las oportunas imágenes de vídeo, una mesa, dos sillas, y dos actrices: Larisa Ramos e Isabel Veiga, es lo único que necesita Emilio Goyanes para sacar adelante con acierto esta producción que Laviebel presenta bajo el título de Vuela.

Se trata de una propuesta que rezuma frescura, ternura y humor para presentar cómo dos mujeres se enfrentan al día a día de su vida, de su existencia y, a la vez, hacen partícipes de ello al resto de seres humanos a través de los múltiples puntos de vista con que miran la realidad. Dos mujeres independientes y sólidas a las que nada arredra. No necesitan tener nombre y a la vez los tienen todos, su cabeza es el escenario de la vida y pasan del humor al dolor en un segundo, hablando por los codos o guardando silencio para mostrar que el teatro es un espejo deformante en el que mirarse para entender que nadie está solo.

Larisa e Isabel van presentando esos momentos de la vida de cada uno y las distintas facetas de la personalidad humana, siempre en clave de humor. Nos cuentan los peores defectos de un hombre para una mujer que hay que erradicar antes de que sea tarde, nos presentan a mujeres anónimas: la limpiadora, una niña vieja, dos gallegas. También cosas cotidianas o ya casi olvidadas en el tiempo: los piropos, los miedos de las embarazadas, la aventura juvenil de un autoestop inquietante, la clave para saber si tu hija adolescente es normal... Nos enseñan que el dolor y el humor van de la mano en este aprendizaje de vivir la vida y lo hacen de forma que el espectador se lleva siempre un buen sabor de boca y se divierte ¡Que no es poco!

‘LA ÚLTIMA BOQUEÁ’ / Cerró la tercera jornada la compañía Teatro a la Plancha con La última boqueá, de la que es autor y director Selu Nieto y que también la interpreta junto a María Díaz y Manuel Ollero Piñata.

La obra se desarrolla dentro de los límites, si se puede trazar alguno, de lo que podemos considerar un teatro del absurdo y del surrealismo más o menos consolidado. Veamos si no: tres personajes se encuentran en el bar de una isla desierta: La Canija, El Lindo y El Lorito. Se han reunido para despedir a un cuarto personaje, Samuel, que ha muerto ahogado en el mar y al que llevan ofreciendo o celebrando un velatorio eterno. Una es su viuda, aunque nunca llegaron a casarse pero las normas de la isla lo permiten. Otro el amigo íntimo del muerto, y el último es el camarero del bar. Tres infelices que van detrás de ahogar sus penas, pero sin querer dejar atrás ese pedazo de tierra en la que enterrar al amigo y a sus penas.

El humor es básico en esta función, llegando a ese absurdo del que hablaba en función de diálogos que se repiten una y otra vez de la misma manera, machaconamente, como si no se escucharan los unos a los otros, cada uno tiene sus palabras clave de las que aprovecharse precisamente en los momentos en que el diálogo entre los habitantes de la isla no tiene razón de ser. Un barco llega por tres veces a las playas de la isla, es la ayuda que la providencia envía. Pero el destino y quién sabe si los que no quieren enfrentarse a la realidad fuera de ese falso entorno harán cuanto sea necesario para impedir cualquier huida. La última pregunta es: ¿Se ahogó en el mar Samuel?

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