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Literatura y boxeo

Manuel Alcántara publica 'La edad de oro del boxeo'

Antonio Garrido
21/06/2014

 

Un libro bien editado, Manuel Alcántara, La edad de oro del boxeo , Libros del K. O. En la portada dos púgiles del XIX se enfrentan, sus cabezas son guantes, la tipografía recuerda carteles de otro tiempo, de esos que se pegaban en las paredes en años en los que el boxeo arrastraba masas de aficionados. Hoy, al menos en España, no está de moda como en otros tiempos, otro universo muy diferente es el anglosajón. Pasó la edad de oro que da título al volumen pero nos quedan las crónicas de Alcántara, publicadas en Marca entre 1967 y 1978. El dicho latino afirma que "lo escrito permanece" y aquí están los textos con toda su belleza, su fuerza, su modélica escritura, estilo personal e inconfundible.

El boxeo es un deporte y una épica. Se le acusa de violento y de primitivo, ¡qué hipocresía la de nuestra sociedad! Existen tantas tragedias, tantos dramas de magnitud universal y aún muchos se escandalizan.

El volumen que me ocupa es el resultado de plurales esfuerzos. Lo fundamental, claro está, son los artículos de Manuel Alcántara al que acompañan textos de análisis y una muy jugosa entrevista de Teodoro León Gross y Agustín Rivera, editores del libro y muy conocedores de la obra del escritor. El libro concluye con un sabroso Epílogo de José Luis Garci.

¿Qué diferencia existe entre una buena crónica de un combate y un texto de Alcántara? Una muy sencilla de formular y no tan fácil de explicar. Los textos del malagueño son literatura; es decir, excepcional acuñación de los recursos del sistema que el lenguaje permite por medio de mecanismos que llamamos estilo, una medida del mundo a través de las palabras que lo crean, que son pulso y ritmo de la prosa, humor e ironía, mirada cervantina que es lo mismo que decir humanísima.

Es evidente que hay una historia que contar y que viene dada, es la referencia obligada, mucho más que el espacio de libertad del artículo de opinión pero veamos. Ingratitud , del 7 de mayo de 1978, se inicia con la interrogación retórica: "¿Dónde estaban los que se ponían de pie?, a la que siguen dos más y el uso del pretérito: "Sus hinchas, los que dijeron de él que era el boxeador más valiente que había pisado un ring, ¿qué se hicieron?". Esta evocación elegíaca, esta manera de presentar la soledad de Tony Ortiz, es una paráfrasis del tópico clásico y en concreto del inmortal Manrique: "¿Qué se fizieron las damas, / sus tocados, sus vestidos / sus olores?". Todo el texto es una lamentación por la evidente decadencia del boxeo. Alcántara crea la atmósfera que desea por la perfecta capacidad de designación léxica que, siempre contenida, posee un rendimiento textual indiscutible, una gran capacidad de provocar emociones en el lector. Debe ser tu última batalla, Tony , del 5 de noviembre de 1977. La atención queda prendida, es marca de la casa, desde la primera frase: "Hay combates que no se programan: se perpetran". He hablado de la capacidad de selección léxica; aquí está en el verbo perpetrar: "Cometer, consumar un delito o culpa grave". No es necesario más. En Alcántara predomina la síntesis formal y la amplificación es siempre sobria sin exceso de subordinación. Esta cualidad es lo que le permite dar el salto ingenioso varias veces en el mismo texto y siempre sin red, Gracián en el horizonte.

En De lo ridículo a lo sublime , del 18 de mayo de 1977, encuentro este recurso de ruptura de la automatización perceptiva. Pelean el campeón Muhammad Ali y el joven Evangelista. Existe un principio "decoroso", la algarabía del público, sus gritos; pues bien: "El público, que ha coreado el nombre de Ali, no como se aclama, sino como se reza". Se trata de la destrucción de la línea supuestamente lógica del argumento. La negativa crea una expectación que concluye en el verbo rezar, el opuesto al clima de un combate de boxeo. ¿Magia? Sí, la única verdadera, la del idioma. Alcántara crea un espacio sagrado en el que Ali muestra su decadencia.

Una de las claves de estos textos es la manera de definir, no en vano al escritor le interesan sobremanera los diccionarios. A ello uno los guiños literarios. Un safari para la historia , del 19 de mayo de 1976. Primero el guiño: "Como el doctor Jekyll, tiene Pepe Durán dos caras", segundo, la definición: "Es un boxeador gélido... Un púgil on the rocks". Otra clave es el detalle, con trazo impresionista, rápido, sucesivo. El revés de la trama , del 20 de febrero de 1972: "La lona y las cuerdas del ring son celestes, y los acomodadores van vestidos como almirantes de opereta". Un lujo. Léase.

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