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el colegio de arquitectos le pone una placa como edificio singular

Los padres de La Aduana exigen seguridad nocturna en el complejo

Los arquitectos insisten en que se le dé un uso al edificio y que se rehabilite

 

Felipe Romero y la directora del colegio, junto a miembros del Colegio de Arquitectos y Carlos Luca de Tena (a la izqda.). - MANUEL MURILLO

Carmen Aumente Carmen Aumente
05/10/2017

El Colegio de Arquitectos de Córdoba colocó ayer en el colegio La Aduana una placa que lo identifica como edificio singular de la ciudad -lo que no implica que esté catalogado como histórico-artístico-, concedida por la Fundación Docomomo (Documentación y Conservación del Movimiento Moderno), con sede en Barcelona.

Al acto asistió el presidente del Colegio de Arquitectos, Felipe Romero, y miembros de la junta directiva del mismo, así como el arquitecto jubilado Carlos Luca de Tena y Alvear, hijo adoptivo del autor del edificio, Carlos Saénz de Santamaría. Los arquitectos, que mantuvieron un entretenido encuentro con alumnos del colegio en el salón de actos, volvieron a denunciar el lamentable estado de abandono de este complejo situado en la Sierra de Córdoba, claro exponente del Movimiento Moderno en la ciudad. «Es una pena que no se rehabilite y se le dé un uso», insistió Felipe Romero. Y consideró una «gran pena que solo se haya conservado una parte del edificio como colegio y lo demás esté en una situación de abandono increíble».

La directora del centro, Dolores Bocero, comentó a este periódico que, pese a que han denunciado en reiteradas ocasiones los actos vandálicos y el deterioro que presenta el ala que no está ocupada por el colegio, las administraciones no han hecho absolutamente nada. En este sentido, señaló que padres de alumnos y Ampa están recogiendo firmas para presentar un escrito a la Delegación de Educación en el que le piden, entre otras cosas, vigilancia nocturna en el recinto. En el acto con los alumnos, el arquitecto Carlos Luca de Tena y Alvear, que llevaba más de 60 años sin subir a este edificio que construyó en 1958 su padre adoptivo, Carlos Sáenz de Santamaría, contó a los niños anécdotas de su infancia con aquel al que llamaban el chato, y fue claro exponente del llamado Movimiento Moderno.