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BALANCE SEMESTRAL

El IAM atiende en Córdoba a 22 chicas por violencia sexual de sus parejas

Aumentan los casos de «sextorsión» y «pornovenganza»

 

Manifestación contra la violencia sexual, en una imagen de archivo. - CÓRDOBA / ARCHIVO

Agencias
10/08/2018

El nuevo programa de atención psicológica del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) Nuestros cuerpos, nuestras vidas, dirigido a adolescentes víctimas de violencia de género que hayan sufrido agresiones y/o abusos sexuales por parte de sus parejas o exparejas, ha llegado desde su puesta en marcha a principios de 2018 hasta junio a 127 menores de edad. De ellas, 22 son de Córdoba, informa Europa Press. Estas cifras que, según señaló la directora del IAM, Elena Ruiz, manifiestan la «magnitud de este tipo de violencia de género, la sexual, muchas veces invisibilizada en el marco de una pareja, donde el paraguas del amor es excusa para someter a las mujeres y tratarlas como objetos sexuales», según un comunicado de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales.

El IAM amplió a comienzos de este año el programa de Atención Psicológica a Mujeres Menores de Edad Víctimas de Violencia de Género, con un servicio psicológico especializado en violencia sexual para atender de manera específica a las adolescentes que la hayan sufrido, ya que se había detectado que algunas chicas atendidas en el programa por violencia de género habían vivido en el marco de la pareja abusos y/o agresiones sexuales, pese a no ser conscientes de ello cuando acudían al inicio de la terapia.

De este modo, el equipo de profesionales del programa, que atiende desde 2012 a adolescentes de entre 14 y 17 años --prestándoles terapia psicológica gratuita y especializada--, ha detectado en estos años que el sexo se utiliza en ocasiones «como forma de violencia de género, ya que los chicos agresores someten a sus parejas a prácticas que no les agrada como prueba de amor», cayendo ellas en el llamado «falso consentimiento». Junto a ello, se ha observado el fenómeno de la «pornovenganza» y la «sextorsión», que algunos agresores ejercen cuando ellas han dado el paso de romper con la relación. Se trata de una «violencia sexual invisibilizada», que inicialmente no reconocen las menores que la sufren.