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la mano del tiempo

50 años del reloj de las Tendillas

Los cordobeses convirtieron la inauguración en un gran acontecimiento

 

Imagen del reloj en 1961. - Foto: RICARDO

FLORENCIO RODRÍGUEZFLORENCIO RODRÍGUEZ 22/01/2011

El 29 de enero de 1961, a las doce en punto, se puso en marcha el nuevo reloj de la plaza de las Tendillas, que venía a sustituir con notas flamencas al que había dejado de funcionar y desaparecido hacía años en un edificio de la contigua esquina del Correo. La inauguración constituyó un acontecimiento extraordinario que llenó de público la llamada en aquel momento plaza de José Antonio.

El reloj, desde entonces, se convirtió en otro elemento de atracción de las Tendillas junto a la estatua ecuestre del Gran Capitán, el señor de la plaza. La iniciativa partió de la casa Philips Ibérica y la originalidad del reloj estaba en que las campanadas van precedidas por unos compases de soleares o seguiriyas --dicho por mantener la discusión de siempre-- y las horas, medias y cuartos se daban con un rasgueo de guitarra que un equipo de altavoces llevaba a toda la plaza con impecable sonoridad. Al final de las horas flamencas, desgranadas por el toque de Juan Serrano, la voz aliada y amiga de Matías Prats lanzaba al aire desde la torreta el eslogan Mejores no hay, asociado a la Philips, y que quedó fijado en un anuncio luminoso en el edificio vecino que destacaba en las tarjetas postales a color de la plaza en los años 60. Matías Prats, la voz de nuestra memoria, prologó desde Radio Nacional de España el acontecimiento de la inauguración del original reloj, de pulso electrónico y precisión suiza, con la pasión y el cariño que siempre puso a las cosas de Córdoba.

Emisoras de radio del país y extranjeras --se cuantificaron unas 500-- retransmitieron en directo el acto y el NO-DO, que vino especialmente a Córdoba para filmar el acto, se llevó un documental del impresionante aspecto que ofrecía la plaza y sus calles tributarias al mediodía, hora exacta en la que un reloj flamenco empezó a regir el nuevo tiempo de la ciudad, a dividir los ambiente del día y a ayudar a los cordobeses a pasar la frontera entre los años viejos y los años nuevos. Medio siglo dando la hora merece que la ciudad le rinda un puntual homenaje.

   
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