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ENTREVISTA.

Jesús Sánchez Adalid SACERDOTE Y ESCRITOR : "El vino tiene la capacidad de sacar lo mejor del ser humano"

CARMEN LOZANOCARMEN LOZANO
03/06/2010

 

FECHA Y LUGAR DE NACIMIENTO VILLANUEVA DE LA SERENA (BADAJOZ), 1962

TRAYECTORIA LICENCIADO EN DERECHO, FILOSOFIA Y TEOLOGIA, ES SACERDOTE, HA ESCRITO UNA DECENA DE NOVELAS HISTORICAS Y OBTUVO EL PREMIO FERNANDO LARA EN EL AÑO 2007

Sacerdote, abogado y bodeguero, el periplo de Jesús Sánchez Adalid como escritor tiene su última parada en Los milagros del vino , una novela que penetra con rigor en los antiguos mitos y rituales grecorromanos a través de un personaje que en su recorrido da a conocer al lector los misterios del vino, algo de lo que Sánchez Adalid se sirve para hablar de la vida y de la fe y rendir un homenaje a siglos de sabiduría. Hoy estará en el Círculo de la Amistad para hablar de su nueva novela.

--"El vino, ¿qué tiene el vino?", reza la sevillana. Después de escribir este libro, no se me ocurre nadie mejor para contestar esta pregunta.

--El vino está totalmente enraizado en el Mediterráneo, forma parte de nuestro ser, de nuestra cultura. Además, está en todas las religiones mediterráneas como uno de los elementos esenciales de sus ritos. Es mucho más importante de lo que creemos.

--El vino y el sacerdocio son dos mundos muy místicos.

--Pues sí. Yo soy sacerdote y también soy bodeguero. Y he comprobado que los bodegueros somos un poco místicos. Los cordobeses sabéis mucho de eso.

--¿Por qué elige esta época de la historia para recrear la cultura del vino?

--Porque lo griego está siendo prácticamente abandonado por nuestra cultura y eso me da mucha pena. Se ve como algo muy lejano, pero no lo es. En la novela histórica se ha recurrido a Grecia, pero con cuatro anécdotas. Nunca se ha tratado el pensamiento griego y está en la base de nuestra cultura. Todos somos un poco griegos y eso no se puede olvidar. Además, realmente, todo el cambio que se dio en el Mediterráneo en el siglo I se produjo en el mundo griego. El mundo romano era comercial, jurídico, militar, y para adentrarse en el pensamiento profundo tenía que recurrir a Grecia.

--¿Qué es lo que busca Podalirio, el protagonista de su novela, durante todo su periplo?

--Es un hombre que está un poco desencantado y que ha perdido la fe. Es un reflejo de aquella Grecia que está ya agotada en sí misma, subyugada bajo el imperio romano, que ha perdido el sentido de sus mitos y sus ritos ancestrales y va cediendo frente a las religiones que llegan de Oriente. Este hombre es un sacerdote de Asclepio, es un médico, vive en un santuario parecido a una farmacia. Se da cuenta de que la sanación existe, pero no los milagros, y necesita ser testigo de algún hecho extraordinario que le devuelva la fe.

--Siempre se ha hablado de un mundo especial que rodea al vino. ¿En qué ha cambiado a lo largo de la historia y qué ha permanecido invariable en esta cultura?

--El vino explica de una manera excepcional los cambios de estaciones, algo también muy propio del Mediterráneo, y tiene un poder unitivo y evocador enorme, además de tener capacidad para sacar lo mejor del ser humano. El vino, en este sentido más místico, es liberador. Sirve para reconciliar a los amigos. El refranero español es muy amplio en este sentido.

--Su biografía es francamente curiosa. Llega usted al sacerdocio después de ser juez con 22 años. ¿Se asustó al ver cómo estaba el mundo y decidió cambiarlo?

--Es una forma simplificada de decirlo, pero la verdad es que hay mucho de eso. Trabajar como juez tan joven me provocó una gran impresión, eran los años ochenta y se vivía una época muy especial que tuvo muchas cosas muy bonitas, pero también hubo otra cara que era, por ejemplo, la heroína, muchos jóvenes encarcelados, delincuencia y un desorden generalizado. Yo viví todo esto muy de cerca. De todas formas, mi paso al sacerdocio tampoco fue de repente. Estudié Filosofía, después Teología. Hubo por medio unos cuantos años.

--¿Cree que la Iglesia tiene que renovarse?

--Constantemente. Además es una de las oraciones que hace la Iglesia, la fe debe ser siempre nueva.

--¿Qué renuncia le resulta más difícil de su sacerdocio?

--Debido al celibato, creo que todos echamos de menos tener hijos, pero estamos rodeados de personas y vemos pasar muchas generaciones.

--¿Se hubiera metido a sacerdote si estuviera prohibido el vino?

--Difícil pregunta, aunque eso es una contradicción. No se puede ejercer de cura con la prohibición del vino porque el origen del sacerdocio es la consagración del pan y el vino.

--En algún momento ha dicho que ser sacerdote le ha perjudicado en la literatura. ¿Por qué?

--Pues sí, porque algunos lectores, supongo que por deformación, se creen que la novela va a ser una colección de sermonarios.

--¿Qué daría por tener menos lectores y más fieles?

--No me quejo ni de lectores ni de fieles, aunque pueda parecer una falta de modestia. Además, yo veo las iglesias llenas los domingos. En España van nueve millones de personas a misa los domingos. Más que al cine o al teatro, según las estadísticas

--En tan solo dos semanas Los milagros del vino ha alcanzado una buena posición en ventas. ¿Esperaba estos resultados?

--Me está dando muchas satisfacciones. Al principio pensé que un tema griego, la esencia del ser humano, quizá no interesaría mucho, pero creo que la gente tiene mucha necesidad de hacerse preguntas.

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