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contracorriente

Música y machismo

La gran popularidad de la que goza el reguetón entre los jóvenes ha puesto en el punto de mira las letras de sus canciones y el sexismo que algunas de ellas transmiten

 

El intérprete Maluma, durante una de sus actuaciones. - FERRÁN ANDREU

PEPA ÁLVAREZ
12/08/2017

La gran popularidad del reguetón entre los jóvenes ha puesto en el punto de mira las letras de sus canciones y el machismo que algunas transmiten, pero esta tendencia no es exclusiva de este género. Más allá de Despacito o del polémico Maluma, el pop y el rock tampoco se libran del sexismo. Y tampoco las mujeres cantantes están exentas de caer en este machismo musical imperante: polémica fue Hey Mama, del DJ David Guetta y que canta la trinitense Nicki Minaj, cuya letra en castellano dice: «Sí, yo hago la comida; sí, yo limpio» o «Sí, tú eres el jefe y sí, y yo lo respeto». Porque el machismo o el control de los hombres sobre las mujeres está extendido en la música, en una sociedad donde, además, el 33% de jóvenes de entre 15 y 29 años considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias «controlar» a su pareja, según datos del informe Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud, del 2015.

En la actualidad, el foco recae con especial atención en el reguetón que los jóvenes escuchan «en bucle» con letras como Bonita, del colombiano J Balvin: «Y esto no para hasta que estés sin conciencia / hay que perder la paciencia y que sueltes las piernas». También muy popular es el rap, otra variedad musical que, al igual que los ritmos latinos, recoge machismos. En España, el rapero Costa rima en la canción Labios tatuados: «La pego y la araño, en el club o el baño / no voy a dejar de darte hasta que te haga daño». En enero del 2016, colectivos feministas lograron la cancelación de uno de sus conciertos en Ciudad Real porque sus letras «dañan la dignidad de las mujeres por su alto contenido violento», según sostenía el Colectivo Feminista de la comunidad.

Además, la Asamblea Feminismos alertaba de que existe «un grave problema» mientras personas «como estas hagan este tipo de agresiones verbales camuflándolas en el arte de rapear o cantar».

Pero tampoco hay que remontarse al pasado año para encontrar en esta corriente musical actitudes machistas que, en algunos casos, se erradican con la cancelación de espectáculos no solo por iniciativa de asociaciones feministas, sino también por las instituciones públicas. El pasado martes, el Ayuntamiento de la localidad valenciana de Cullera suspendía un festival de cultura urbana que se celebraba en el paseo marítimo por las expresiones violentas, machistas y xenófobas de una «batalla de gallos» (lucha dialéctica entre los raperos).

Ya en el plano internacional, el mundialmente conocido Eminem también continúa en esta tendencia sexista «rapeando» en la canción Vegas: «Puta, tienes que salir corriendo / e ir a buscar a tus fresquitas amigas» u otros versos como «Y hacerme el desayuno, perra, eso es un requisito previo». Más cercana al pop fue Blurred Lines, interpretada por Robin Thicke y Pharrell, que causó una gran polémica por su letra I know you want it.

La frase fue criticada como una apología a la violación al insinuar que la percepción del hombre prima sobre el consentimiento de la mujer. El videoclip del tema también se llevó reproches, ya que en él los intérpretes aparecen rodeados de mujeres que están vestidas únicamente con la parte inferior de su ropa interior.

Juan Aguirre, componente del dúo Amaral, pone desde hace tiempo el foco en el machismo no solo de las letras, sino de la industria musical en sí, según señaló a Efe. «El mundo del rock es muy machista, lo he descubierto trabajando junto a una mujer. Cuando se habla de Pereza o Estopa, nadie piensa que uno es el genio y el otro el que tiene la voz, y con nosotros pasaba», lamentaba el guitarrista en una entrevista. Porque la música patria no se salva tampoco, con ejemplos de míticos temas como Corazón de tiza (1990), de Radio Futura, y sus versos: «Y si te vuelvo a ver pintar / un corazón de tiza en la pared / te voy a dar una paliza por haber / escrito mi nombre dentro».