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contracorriente

María Angulo Egea: «La crónica se presta bien al relato de las emociones»

 

María Angulo Egea: «La crónica se presta bien al relato de las emociones» - ELISA ARROYO

Aunque madrileña, la escritora María Angulo reside en Barcelona y es profesora de Periodismo en la Universidad de Zaragoza. Ahora publica Inmersiones. Crónica de viajes y periodismo encubierto.

-Dice Leila Guerriero que el libro debería leerse lápiz en mano. Es decir, ¿un libro para leer y escribir?

-Se trata de conocer historias periodísticas potentes y motivadoras que nos puedan llevar a la lectura, pero también inspirar en la escritura.

-El periodismo de inmersión se ha estudiado poco. ¿A qué crees que se debe?

-A que el trabajo y la labor de los periodistas no ha interesado, en general, a los académicos. Hasta hace muy poco han sido historiadores y filólogos los que se han acercado a la producción de algunos periodistas.

-La crónica es el texto que mejor se presta a estos quehaceres. ¿Un género que se encuentra en permanente evolución?

-Es el género que no le tiene miedo al yo del periodista y que se presta bien al relato de las emociones.

-¿Crees que el periodismo tradicional está agotado?

-No creo que esté agotado. El periodismo encubierto o la crónica de viajes son también un periodismo tradicional, si lo pensamos. Estas fórmulas periodísticas llevan ahí desde tiempo inmemorial. No creo que el periodismo del tipo que sea esté agotado mientras los periodistas estén vivos.

-Jon Lee Anderson, uno de los mejores periodistas del mundo, habla de un segundo boom en América Latina. ¿Compartes su opinión?

-Sí, al menos en el impacto. Habrá que ver en cuanto a calidad.

-El yo se ha instalado en el periodismo narrativo de América Latina, pero aquí le cuesta llegar.

-Seguimos regidos por los parámetros periodísticos anglosajones. Sólo dejamos el yo para las columnas.

-En tu libro hablas también del papel de la mujer en la profesión, un oficio tradicionalmente de hombres.

-No se nos cede espacio. Lo estamos ganando por derecho propio. Pero queda tanto por hacer...

-Hablas de dos mujeres pioneras. Una es Nellie Bly.

-Me fascina su arrojo. ¡Infiltrarse en un manicomio en 1887 para denunciar aquellas vejaciones! Verdaderamente algo loca había que estar.

-La segunda es Gabriela Wiener.

-Leer a Gabriela es estimulante y perturbador. Siempre te interroga sobre ti misma.

-Gabriela Wiener, Leila Guerriero, Lydia Cacho, Silvia Cruz. ¿Era el momento soñado?

-No es un mal momento. Pero siempre hay que estar soñando.

-Madrileña, profesora en la Universidad en Zaragoza, pero resides en Barcelona. ¿Cómo vives todo el ‘procés’?

-Lo vivo. Lo sufro. Salgo mucho a la calle para ver lo que dice la gente.

-En el libro incluyes tu propia crónica de inmersión, pero no al infierno, sino a un paraíso llamado Caños de Meca.

-Si te pica el gusanillo de lo creativo, es inevitable. Otra cosa es que los ritmos y exigencias académicas suelan cercenar esa creatividad, pero yo lo intento, aunque sea en pequeñas dosis.

-Te sumergiste en los lagares de la sierra de Montilla, sobre todo en Cabriñana.

-Un lugar para volver y para terminar de escribir una crónica o un buen perfil de Pepín Carbonero en su bodega rockera.