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NOTICIA PUBLICADA EN EL PERIÓDICO EL DÍA 19 DE JUNIO DEL 2006
Rossi se impone al caos
. El heptacampeón italiano gana una prueba marcada por una caída inicial escalofriante
EMILIO PÉREZ DE ROZAS
MONTMELÓ
De uno de los mayores caos de los últimos años, surgió el campeón de siempre, emergió el mejor Valentino Rossi. Con la arena repleta de heridos, el Doctor se hizo con el control de la situación con mano de cirujano. Montmeló esperaba un gran premio espectacular --de ahí que se citarán 107.101 espectadores--, y los gladiadores de cuero le ofrecieron todo lo que querían: sangre, sudor, lágrimas y triunfos. Un magistral Álvaro Bautista (Aprilia) prolongó su paseo por el Mundial de 125cc con la tercera victoria del año. Un pletórico Andrea Dovizioso ganó, por fin, su primer GP y le demostró a Jorge Lorenzo que le va a costar mucho alcanzarle.
Y Valentino Rossi (Yamaha) sumó su tercera victoria del año de la única manera que sabe hacerlo: arrasando, midiendo cada uno de sus adelantamientos, madurando a los rivales y humillándolos, ora al final de la recta, ora en plena curva, ora en la frenada. Pudo ser un gran premio para llorar, pero concluyó en fiesta, la que Montmeló le dedicó a su monarca. Mientras crece el príncipe Dani Pedrosa, es lícito rendir pleitesía al mejor de los mejores.
ESPECTACULAR ACCIDENTE
Poco después de que Bautista y sus amigos Héctor Faubel y Sergio Gadea lograsen para Aspar el segundo triplete de la temporada en 125cc, tras el de Estambul, copando todos los escalones del podio, e instantes después de que Dovi resistiese como un jabato el acoso de Giorgio, que por una vez llegó tarde a la cita con la victoria, la fiesta de Montmeló se transformó en un espectáculo estremecedor.
La primera salida de MotoGP --hubo hasta tres, pues la segunda también la abortó Chris Vermeulen por problemas mecánicos-- acabó en la arena con un puñado de aguerridos pilotos, mientras el joven Casey Stoner, Rossi y Nicky Hayden se escapaban del caos gracias a su extraordinaria salida, que les permitió encabezar el pelotón cuando la jauría de acero enfilaba la primera curva del Circuit en la que, de pronto, se reduce de 320 km/h a menos de 100.
"¡Dios!", gritó Toni Elías cuando vió volar la Ducati de Sete. "Solo se me ocurrió agarrar los frenos y esquivar esa moto, que trituraba todo lo que se le ponía por delante, escupiéndolo a un lado y otro de la vista". Elías, que acabaría por los suelos en la carrera definitiva, al igual que los novatos Pedrosa y Stoner, no daba crédito a lo que había visto. Al final de la recta, Sete, que se había ido ladeando hacia la cuerda, se enganchó con su compañero Loris Capirossi. Se rozaron y, para desgracia del pelotón, la maneta del freno delantero de la Ducati de Gibernau se enganchó con la cúpula de Capirex. Y ahí empezó el vuelo de la bala roja italiana.
EL VUELO DE SETE
Con el pelotón ladeándose hacia la primera curva de derechas, Sete (conmoción cerebral y fractura de la clavícula izquierda) voló por los aires, abrazándose el pecho con los brazos, convirtiéndose en un judoka volador. Mientras, su Ducati arrollaba todo lo que se encontraba a su paso. Derribó a Capirossi (contusión torácica y hematoma pectoral) y arrolló a Marco Melandri (traumatismo craneoencefálico y contusiones cervical y acromioclavicular) que, atrapado entre el asfalto y su Honda, golpeó y arrasó a Dani Pedrosa y John Hopkins.
Se encendieron los semáforos rojos, se detuvo la carrera y se recogieron los heridos. Sete se recupera en la Dexeus; Capirossi y Melandri, en el Hospital General de Catalunya. El resto tuvo poca historia: Rossi ganó por octava vez en Montmeló. Y promete más. Mucho más.

