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El pisto

por Marisol Salcedo

Darse pisto significa darse importancia, acaso porque así se llama el jugo o la sustancia que se obtiene de la carne de ave, que se da al enfermo que sólo puede tragar líquidos. Desde luego, no puede aludir a la modesta fritada que suele hacerse sin proporciones, tan sólo respetando, a la hora de ponerlos en la sartén, el orden de dureza de los ingredientes: primero, las cebollas; luego, los pimientos; después las berenjenas y los calabacines; y, por último, los tomates. En esto de los pistos es inútil dar pautas, porque no hay uno igual a otro. Se diferencian en toda clase de detalles: tamaño del corte de los ingredientes; mayor o menor abundancia de algunos de ellos; punto de cocción -fritura- aunque lo deseable es la imprescindible, ya que las verduras no deben quedar deshechas, sino perfectamente distinguibles a la vista, aunque hay quien lo prefiere muy pasado, casi convertido en puré. Para completarlo, un par de huevos fritos o un trozo de merluza confitada o de bacalao.

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