ASTRONOMÍA

La galaxia Lepus

Muy parecida a nuestra Vía Láctea, Lepus no destaca de una manera especial en el cielo, aunque es muy fácil de identificar

La galaxia NGC 1964 en la constelación de Lepus observada desde el Observatorio de La Silla (Chile).
ESO/JEAN-CHRISTOPHE LAMBRY
Ángel R. López-Sánchez

Cuenta la leyenda que cuando el gigante Orión salía de caza usaba a sus perros para azuzar a las liebres, obteniendo siempre recompensa. Pero en una ocasión se encontraron con una liebre tan rápida que escapó de los perros de caza de Orión, y así los dioses (Hermes en algunas crónicas) la elevaron a los cielos como constelación. Este es el mito que nos ha llegado de la antigua constelación de Lepus (la Liebre), una de las 48 constelaciones descritas por Ptolomeo en el siglo II de nuestra era, y localizada en el cielo austral justo por debajo de Orión y muy cerca del Can Mayor.

En realidad la constelación de Lepus ni está compuesta por estrellas brillantes ni destaca especialmente en el cielo, a pesar de ser muy fácil identificarla incluso con contaminación lumínica moderada. Aún así, al estar cerca del plano de la Vía Láctea, contiene unos cuantos objetos difusos interesantes, como la famosa nebulosa planetaria del Espirógrafo (IC 418) o el cúmulo globular M79 (que se sospecha en realidad no es originario de nuestra Galaxia, sino que proviene de la galaxia Enana del Can Mayor, objeto en proceso de fusión con la Vía Láctea).

Lepus esconde una galaxia muy parecida a nuestra Vía Láctea. Se trata de la galaxia espiral barrada NGC 1964, que se localiza a unos 70 millones de años luz de distancia. La imagen muestra una toma de este precioso objeto obtenida con el Telescopio MPG/ESO, de 2.2 metros de tamaño, en el Observatorio de La Silla (Chile) del Observatorio Europeo Austral (ESO). NGC 1964 fue descubierta en la noche del 20 de noviembre de 1784 por el famoso astrónomo inglés William Herschel.

Quizá la peculiaridad de NGC 1964 es que esta galaxia espiral no se observa ni de canto (como vemos, por ejemplo, la proyección de la Vía Láctea en el cielo, formando una «banda lechosa») o de frente (como observamos otras galaxias espirales famosas como la galaxia del Remolino, M 51) sino con una orientación intermedia, de ahí que tenga forma de óvalo. Esto permite estudiar distintos rasgos del objeto, como su parte central (naranja por la gran cantidad de estrellas viejas) y los brazos espirales del disco (en prominentes colores azules por la formación estelar activa ocurriendo en ellos ahora mismo), además del oscurecimiento por el polvo cósmico (muchas zonas del disco espiral de NGC 1964 se ven de colores negros).

En la imagen, al igual que cuando se observa esta galaxia con un telescopio de aficionado, llaman la atención varias estrellas brillantes cercanas (cuatro en particular) cuyo fulgor contrasta con la sutileza del disco ovalado de NGC 1964. Estas cuatro estrellas brillantes (arriba a la derecha del centro de NGC 1964) pertenecen a la Vía Láctea y están a sólo unos pocos miles de años luz de nosotros. Dicho de otra forma, NGC 1964 está en realidad 70 mil veces más lejos que estas estrellas. Por otro lado, la imagen también muestra decenas de galaxias lejanas, algunos de estos objetos están a 50 veces la distancia a NGC 1964 y son hasta 40 millones de veces más débiles que los que puede ver el ojo humano.

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