Los rostros del líbano (3) LAS ACTIVIDADES CÍVICO-MILITARES

Embajadores de la marca Córdoba

Los proyectos CIMIC forman uno de los principales pilares en cualquier misión internacional de estas características

El teniente coronel Juan Antonio Soto saluda respetuoso a una autoridad religiosa local en una de las actividades .
Rafael Romero

El coronel del Regimiento Córdoba 10 de Cerro Muriano se quedó sin conductor el día que Ángel cogió el petate y enfiló para Marjayún por tercera vez en su vida. Ahora, el cabo Gastón (Villarrubia, 34 años) lleva de acá para allá en un 4x4 al teniente coronel Soto, jefe de la G-9, la sección encargada de coordinar y controlar las actividades cívico-militares (CIMIC) en la misión cordobesa en el Líbano.

La Novena crea el ambiente; el resto, las condiciones de vida, la seguridad sobre el terreno... En realidad, todos son CIMIC en Naciones Unidas: en los gestos cómplices con la población en una patrulla, en un saludo desde la torre al paso de un vecino de la posición o de camino a Beirut, cuando ves desde el autocar o a bordo de un VEC a los muchachos con sus cachimbas en los bares que atestan las largas avenidas camino del aeropuerto.

«Las muestras de cariño aquí son constantes», sostiene Soto (Jerez de la Frontera, 51 años). Si lo dice alguien en su primera misión puede sonar premeditado, pero lo cuenta quien ha estado en Líbano trece veces —trabaja en el Cuartel General de la Fuerza Terrestre—, la última en 2014. Trata a diario con alcaldes, líderes religiosos de 18 confesiones, profesores, padres y niños.

«En lo que se refiere a Proyectos de Impacto Rápido se ha procedido a la inauguración de diecinueve —señala—, otros siete se hallan en ejecución y hay cinco de próxima finalización, algunos de ellos tan significativos como la Plaza de España en Ebel El Saqui (construida a petición de su Ayuntamiento), el equipamiento de un aula para la enseñanza del español en el colegio público de Kleyaa (único centro del sur del Líbano con autorización del Ministerio de Educación libanés para incluir el español como asignatura en el programa lectivo) y un puente en Cheeba, cuya finalización se ha demorado debido a las inclemencias meteorológicas. Además, se encuentran identificados otros doce proyectos sobre los que se está recabando información». Porque la historia no acaba con la fotografía junto a la placa y el alcalde de turno que manda el PIO (public information office) a las redacciones en España. Después, cada rotación hace un seguimiento de los proyectos anteriores que deben mantener las autoridades locales. Todos y cada uno de los fondos —más de 200.000 euros esta vez—, con créditos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la embajada española, son controlados hasta el último céntimo.

El subteniente Paco Calero entrega un regalo a una niña.

Pero si un programa va unido a esta misión es el Cervantes. Comenzó en 2006 en el colegio del Sacre Creur de Marjayún «y han pasado por él 5.683 alumnos, 752 militares que han impartido las clases en 17 localidades diferentes». Lo explica el subteniente Calero (Aguilar de la Frontera, 51 años), un veterano en misiones internacionales: siete (cuatro en Líbano). Antes de entrar en faena, y teniendo en cuenta sus guarismos, es normal que Paco se acuerde de los verdaderos protagonistas de su carrera. “Me vas a permitir agradecer a mi mujer y a mis hijos el apoyo que continuamente recibo de ellos. A mi mujer le diría que ella es la que realmente realiza la misión más importante, que es la educación de nuestros hijos, por comprender y permitirme pertenecer a la Libre Hidalgo XXVI”. Y ahora, tras la petición al viejo amigo, hagan el fácil ejercicio de multiplicar siete misiones por los meses de duración media, la de Líbano son seis, y comprenderán el sacrificio a un lado y al otro de la vocación de un militar. «Al fin y al cabo —añade su jefe—, aunque uno también sufre, estás haciendo lo que te gusta y disfrutando con ello».

El cabo Ángel Gastón (centro), junto a sus compañeros de unidad de otras nacionalidades.

El cabo Gastón --conductor: prudencia al volante... y sin volante-- echa de menos “ver un partido del Córdoba Club de Fútbol”. Es mejor evitarle los detalles desde casa, aunque por internet ya lleva lo suyo. Hablando de fe: “Me sigue llamando la atención --dice-- que dos religiones como el islam y el cristianismo puedan convivir sin problemas a simple vista”. Y es que el contacto con el pueblo libanés es fundamental para estrechar lazos y ganar complicidades, luego CIMIC. “Por mi puesto, el trato es casi diario. El contingente español goza de una gran acogida y el trato es extraordinario”, apunta de nuevo el teniente coronel, que resalta “nuestro carácter” como clave para las “buenas relaciones”. “Anécdotas podría contar muchas, pero las más curiosas vienen del intercambio de palabras de cada idioma. Lo primero que aquí enseñamos es la jerga española”. Un clásico internacional. Clases de español que no solo se circunscriben a la población libanesa, “también a los serbios, indios, indonesios, nepalís, chinos...”, añade el afable Calero.

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