MADRID / LAS VENTAS: desafío ganadero

Oreja para Escribano y Robleño

El diestro Cristian Escribano con su merecido trofeo, ayer sobre la arena de la plaza madrileña de Las Ventas.
EFE
Javier López (Efe)

Tres toros (1º, 2º y 3º) de Saltillo, más fuertes con los dos primeros y más vareado el tercero y de juego desigual. Noblote por el derecho aun faltándole entrega, el primero; al segundo le faltó clase y recorrido; al enclasado tercero se lo cargaron envaras. Y otros tres (4º, 5º y 6º) de Valdellán, cuajados, bueno y a más el cuarto; manejable el quinto; y correoso, el sexto.

Fernando Robleño, de blanco, plata y remates negros: pinchazo y estocada caída con derrame (palmas); y pinchazo y estocada (oreja).

José Carlos Venegas, de frambuesa y oro: estocada trasera y (leves pitos tras aviso); y pinchazo, otro hondo muy tendido y media atravesada y tendida (silencio tras aviso).

Cristian Escribano, que confirmaba alternativa, de blanco y oro: gran estocada hasta la bola y de efecto fulminante (oreja); y tres pinchazos, otro hondo y dos descabellos (silencio tras aviso).

En cuadrillas, Ángel Otero y Raúl Cervantes saludaron tras banderillear al primero y sexto, respectivamente.

La plaza registró un tercio de entrada, 7.044 espectadores según la empresa.

Los diestros Cristian Escribano y Fernando Robleño cortaron sendas orejas en el primer desafío ganadero celebrado ayer en Las Ventas, premios de distinto valor, pues, mientras el del primero vino a reconocer una faena muy asentada y solvente, el segundo anduvo por debajo de un buen toro de Valdellán. Serio y muy cuajado, el saltillo que abrió plaza acudió al caballo en tres ocasiones, una al paso, donde se empleó en una larguísima y excesiva vara, otra en el picador que guardaba la puerta y una tercera ya de trámite en la contraquerencia.

No fue nada del otro mundo, como tampoco su comportamiento en el último tercio, donde, sin ser malo, le faltó entrega y transmisión. Pero había que hacerle bien las cosas, pues este tipo de toro se orienta rapidísimo al mínimo extraño. Y ahí estuvo el mérito del confirmante Cristian Escribano, muy solvente y capaz, muy digno, resuelto y evidenciando un oficio inaudito teniendo en cuenta las pocas oportunidades que ha tenido desde que tomara la alternativa allá por 2011. Y es que anduvo muy bien con el toro, al que finiquitó de una soberbia estocada, que por sí sola ya valía la oreja que acabó paseando. Con la Puerta Grande entreabierta, Escribano saludó con una larga de rodillas al sexto, de Valdellán, al que puso de largo las tres veces que pasó por el peto. La gente lo agradeció. Otra cosa fue lo que se empleó el astado. Le anduvo con mucha torería para sacárselo a los medios, donde planteó una faena muy serena y templada, pero que fue a menos por la condición del valdellán, demasiado pegajoso, quedándose siempre debajo y reponiendo. Escribano puso el corazón, incluso robó un par de tandas de buena caligrafía, pero acabó atascándose con los aceros.

El primer saltillo de Robleño salió con muchos pies de salida, tantos que hasta le dio para coger impulso y saltar al callejón en los terrenos del diez. Recuperada la normalidad, el toro apenas se empleó en varas, dejándose pegar y saliendo las dos veces suelto. Luego tampoco tuvo empuje ni recorrido en la muleta. Robleño batalló con él, pero sin poder redondear faena.

El cuarto, de Valdellán, fue el primero que realmente pusieron de largo en el caballo, donde acudió tres veces. Robleño, muy arropado por los tendidos, anduvo por debajo de la condición del astado. Hubo cosas buenas, algún muletazo suelto, la disposición que mostró, pero no acabó de asentar la zapatillas, acompasando más que mandando en las acometidas de Navarro, que fue el que puso el verdadero ritmo a la faena. Pero la gente estaba muy con él, jaleándole todo, lo bueno y lo no tanto. Al final cortó una oreja, pero la sensación fue que el premio fue demasiado amable. Más vareado y cariavacado, pero con dos astifinas defensas, el primero de Venegas, de Saltillo, un toro que se venía por dentro en los capotes, rebañando, y al que picaron de pena, muy abajo, las tres veces que pasó por el caballo.Ahí quedó el toro visto para sentencia. Una pena, pues tenía muchísima calidad.

No tuvo su tarde Venegas, que tampoco aprovechó la manejable condición del valdellán que hizo quinto, un toro que se desplazó con buen aire por los dos pitones, aun faltándole un tranco más y punto también de transmisión. El jienense anduvo discreto en una labor en la que no dijo nada.

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