Para ti, para mí

El periodismo solidario se abre paso

Antonio Gil

Pablo López Orosa y Rosa María Calaf son los ganadores del XII Premio de Periodismo solidario Memorial Joan Gomis, en la categoría de reportaje y de trayectoria periodística, respectivamente. Ambos son periodistas que describen fragmentos de realidad desde otras latitudes. El primero obtuvo el premio por el reportaje titulado La tregua de los zapatos, en el que describe el poder de las maras en Guatemala. Rosa María Calaf fue merecedora del premio por su larga trayectoria como corresponsal de TVE en numerosos países, buscando historias con gran sensibilidad y pasión por el periodismo. Se abre paso el denominado «periodismo solidario», el que se lanza en picado allá donde la noticia es dolor y muerte, angustia y huída, escasez y chabolas, hambre sin esperanza. Hace ya un siglo, el poeta León Felipe escribía: «Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo todo lo que he visto. Y he visto que los gritos de angustia de los hombres los ahogan con cuentos». Fuerte frase que mantiene su vigencia. Se inicia el siglo XXI inmerso en una crisis de valores que hace más necesario que nunca un periodismo riguroso e independiente que sirva a la sociedad y no que se sirva de ella. Porque como denuncia Rosa María Calaf, «la construcción de opinión pública en el actual entorno mediático inmerso en la revolución digital se va alejando de la ética y sucumbiendo a la posverdad, es decir, a la mentira. La fuerte presencia informativa de agencias externas, la politización de los medios, la injerencia mercantil y de grupos de presión, la confusión entre información y entretenimiento son graves amenazas a la buena praxis y, por ende, al bien común. Es imprescindible el debate sobre qué periodismo estamos haciendo, por qué y a quién beneficia». El otro premiado, Pablo López Orosa, nos habla en su reportaje de Guatemala, «un país de ricos lleno de pobres», donde son asesinadas 16 personas al día. Y nos cuenta la historia de don Otto: «Frente a la mano dura, a los que reclaman la reimplantación de la pena de muerte, hay quien, como don Otto, propone una revolución. Una revolución sencilla. Hacer zapatos. La revolución de las pequeñas cosas. Porque hacer zapatos es mucho más que cortar materiales, ahormarlos y empaquetarlos. Hacer zapatos en una barriada de Guatemala es enseñarles a los chicos que pueden construir su propio futuro al margen de la violencia». En un país, donde casi el 60 por ciento de la población vive bajo la línea de la pobreza, las pandillas son a menudo la única salida, o al menos, la salida más fácil. Por eso, la revolución de las pequeñas cosas, se ofrece como verdadera solución al problema. Y de que don Otto y su revolución tenga éxito depende más que nunca el futuro de Guatemala. Cuantos más niños se sumen a la tregua de los zapatos, más esperanza se irá sembrando ante tan terribles necesidades. La gran tragedia es que miles de jóvenes viven desencantados y sin formación. Ojalá se abra paso este «periodismo solidario», que nos cuenta la verdad y nos la inyecta en vena. En nosotros está el vibrar con ella, alentarla y extenderla con audacia ilusionante.

* Sacerdote y periodista

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