Para ti, para mí

El padre Carlos Romero

Antonio Gil

El pasado miércoles tuvo lugar la entrega de las distinciones del Ayuntamiento: Hijo predilecto, hijos adoptivos, medallas de Honor, de Oro, de Plata, a destacadas personalidades sobresalientes en distintos ámbitos, afanes y quehaceres. La alcaldesa, Isabel Ambrosio, ensalzó en sus palabras finales a los galardonados e invitó a los más jóvenes a «mirarse en su espejo para continuar con su ejemplo». Quisiera destacar y felicitar especialmente, entre los hijos adoptivos de Córdoba al padre Carlos Romero, dominico, vinculado a nuestra ciudad desde el año 1953, donde impulsó, alentó, formó y desarrolló, con entrega generosa, las Hermandades del Trabajo. Ha sido siempre un placer, querido padre Carlos, saborear contigo esos «encuentros a pie de calle», que hemos mantenido a lo largo de los años, en el palco del pueblo, --las aceras, la parada del autobús, los minutos de acompañamiento mutuo hasta el centro de la ciudad--, repasando las pequeñas y grandes noticias de nuestros «gremios», pero buscando siempre la luz, la verdad, el argumento que nos convenciera, la fuerza que nos impulsara a seguir caminando. Alguien ha escrito de ti, con la sencillez del estilo directo y la belleza de la sinceridad, que «se te puede definir como un hombre activo, de carácter firme, que ha jugado a fondo los talentos que le dio su Señor: magnífico predicador con ideas y palabras claras; consiliario constante y acogedor; fiel religioso de la Orden de Santo Domingo; testigo comprometido con las personas más necesitadas». Junto a esas tareas tan hermosas, yo me quedo con las llamadas «notas a pie de página»: un saludo urgente con una palabra amable; una solución eficaz a un problema personal; una pequeña luz que se nos enciende en tus observaciones; una sonrisa humorística y placentera a la vez, restando importancia, acogiendo, animando, alentando, ayudando con tu corazón abierto siempre al prójimo. El titulo de Hijo adoptivo de Córdoba, no sólo refrenda tu labor a lo largo de tantos años, sino que te proclama «adelantado» de tantos «sueños convertidos en hermosas realidades». Enhorabuena entrañable.H

*Sacerdote y periodista

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