Para ti, para mí

El otoño de la polémica

Antonio Gil

Hace ya muchos años, el domingo 29 de septiembre de 1991, y perdonen ustedes la autocita, yo colocaba este mismo titular, El otoño de la polémica, a mi artículo publicado en nuestro periódico, en mi habitual sección de entonces, El domingo de la vida. Han pasado ya cerca de treinta años, y sin embargo, también hoy podríamos comenzar con las mismas palabras que yo iniciaba el articulo: «Ya todo es polémica. Es decir, discusión al canto, pareceres hirientes, agresiones verbales, opiniones amargas, soluciones ineficaces. El otoño de la polémica desciende sobre nosotros para dejarnos indefensos, parapetados en nuestras posturas radicales, inmóviles, y tantas veces, rotos, deshechos, desilusionados. Este país parece contemplarse y recrearse en aquel chiste de Mingote, que colocaba en el dibujo a dos personajes en animada charla. Uno de ellos pregunta al otro: SSLq¿Me estás escuchando?’. Lacónicamente, recibe como respuesta esta frase: ‘No. Estaba pensando qué contestarte’. No hay decisión que no se discuta por intereses; ni elogio que no vaya contra alguien; ni consejo amable que no sea contestado; ni propuesta que no sea interpelada; ni declaraciones que no sean ironizadas; ni actitudes personales que no sean tergiversadas. Y así viene ocurriendo en el campo de la política, de la economía, de la religión; en los avatares sociales... Si los políticos prometen mejoras a los ciudadanos, es que se están burlando de nosotros; si el Papa analiza y orienta nuestro catolicismo, es que está largando una bronca a España; si los sindicatos retrasan un convenio, es que se aprovechan de su situación privilegiada; si los empresarios piden colaboración, es que quieren seguir explotando; si un trabajador cobra el paro, es que no quiere trabajar; si alguien pide limosna, es que está engañando... Y así podría seguir la lista en términos extremistas pero no exentos de una cruda realidad». Perdonen ustedes la cita de aquel artículo mío de septiembre de 1991. ¡Ya ha llovido! Pero no he resistido la tentación de «reproducir su comienzo», a la vista de los espectáculos de estos días. ¡Todo sigue igual! ¡Qué país, qué paisaje, qué paisanaje!

* Sacerdote y periodista

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