Para ti, para mí

Luces de una monja

Antonio Gil

El obispo de la diócesis, Demetrio Fernández, juntamente con el obispo de Bagasou, Juan José Aguirre --quien nos dirigió unas emotivas palabras sobre los terrribles problemas de su diócesis--, presidieron ayer en la catedral una eucaristía, con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. En la homilia, Demetrio habló de lo que significa hoy, de generosidad y entrega, la vida de los religiosos y religiosas. Me gustaría evocar el tema de una charla a las jerónimas del convento de Santa Marta, con el título Luces de una monja, que sintetizábamos así: primera, fe ardiente, en la escucha de la Palabra y en la vivencia del amor fraterno; segunda, oración constante, conforme a la definición que nos ofrece Jacques Philippe: «Orar es sentir que Dios está cerca de nosotros, que nos mira y nos abraza»; tercera, alegría desbordante, recordando aquellas palabras del padre Arrupe: «el sufrimiento y la cruz pasarán, pero la alegría del aleluya no pasará, será el preludio de un aleluya celestial que ya catan los bienaventurados»; cuarta, esperanza radiante, que tiene su fundamento en el evangelio, con tres hermosos compases: «Escuchar lo que Dios dice y me dice, meditarlo en mi corazón y ponerlo en práctica»; quinta, trabajo sobresaliente, realizando lo que Dios pide con ilusión y encanto; sexta, acompañamiento reluciente, porque acompañar es sentir como hermanos a los que están a mi lado; una religiosa suspiraba: «No me importa llegar tarde, me duele llegar sola»; séptima, encuentro permanente, con el universo, con nosotros mismos, con Dios, y en diferido, «con el más allá»; octava, vivir felizmente, cada día, cada instante, con optimismo y esperanza; novena, sonreír abiertamente, ofreciendo la sonrisa como flor de primavera; décima, escuchar atentamente con los oídos del alma, porque «el amor no mira con los ojos sino con el corazón». Diez «luces para una monja», ciertamente, como síntesis de esa «vida consagrada» que ayer ensalzaba primorosamente el obispo en la eucaristía, suplicando al Señor por el don de las vocaciones para que renueven el rostro de la Iglesia y del mundo.

* Sacerdote y periodista

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