Economía con toque

Locura colectiva

Melania Salazar Ordóñez

Desde hace ya más de un mes, andamos revueltos a nivel nacional con el tema de Cataluña, aunque la cosa ya empieza a resultar harto pesada (al menos a mí). Personalmente lo que me da más miedo de Cataluña es que puede ser la punta del iceberg en Europa, un iceberg que puede hacer que se hunda el modelo de bienestar, libertad y democracia creado a lo largo del siglo XX.

Como todos sabemos, la Comunidad Económica Europea nace tras dos guerras mundiales originadas en Europa y sustentadas por fuertes nacionalismos, es decir, sentimientos identitarios basados en el concepto de nación pero que arrastran formas explicitas o implícitas de animadversión hacia otras lenguas, razas, religiones, clases sociales, nacionalidades, etc. Desde entonces, exceptuando la Guerra de los Balcanes, Europa occidental vive en relativa paz y mucha prosperidad económica, aportando más de un 25% al PIB mundial, disfrutando de una renta per cápita alrededor de los 36.000 dólares, con una tasa de desempleo del 7,5% en septiembre de este año y una esperanza de vida de 81 años. Pero lo más importante, los territorios de la UE gozan de todos los derechos fundamentales. Esto que puede parecer baladí, no lo es si tan solo miramos un periódico o telediario y vemos lo que pasa en el mundo estos días.

De pronto, cuando nos hemos acostumbrado a nuestro bienestar, algunos deciden que ya hemos vivido bien mucho tiempo, casi 60 años, y que no pasa nada porque resurjan con fuerza brotes nacionalistas secesionistas (catalanes, flamencos, lombardos, corsos, etc.), muchos de los cuales utilizan la economía como excusa para sus pretensiones, fundamentándolas en los perjuicios económicos que les ocasionan regiones con menores niveles de renta dentro sus respectivos países. En el caso de la Cataluña independentista y España, el famoso «España nos roba». Ninguno de los políticos ni ciudadanos independentistas de estas regiones tiene en cuenta que el acceso a mercados es un factor determinante para el impulso del crecimiento económico, es decir, cuanto más grande sea el mercado al que puedo acceder mayores y mejores pueden ser mis empresas. Países con mercados relativamente pequeños como Dinamarca u Holanda o países que saben algo de economía como Alemania lo tienen muy claro. De hecho, Alemania siempre ha querido expandir la UE, y, no lo han hecho porque sean especialmente solidarios, lo han hecho porque quieren más consumidores y empresas que les compren.

Así, Cataluña, si no fuera por el resto de España, nunca habría alcanzado su nivel de desarrollo económico actual, superior al de la media española como muestra su PIB per cápita (31.339 frente a 28.590 euros, en el 2016 según datos INE), su menor tasa de riesgo de pobreza (13,2% frente al 22,3%) o sus superiores salarios tanto en la industria (1,07 euros hora más) como en la construcción (1,51 euros hora más) o el sector servicios (0,56 euros hora más). Además, este desarrollo no se ha producido desde 1975 sin más, sino que tiene sus raíces en determinadas políticas económicas que se generaron durante la dictadura, sobre todo políticas industriales. Es más, ya en el siglo XIX debido a la protección nacional a la industria del algodón catalana frente al lino gallego, incluyendo la implantación del ferrocarril que excluía a estos últimos, se les benefició. Y esto, se ha seguido repitiendo con la necesidad de los sucesivos gobiernos del PSOE y PP de pactar con los nacionalistas catalanes para poder gobernar; algo que sin duda nos ha perjudicado al resto de españoles desde un punto de vista de las decisiones políticas tomadas en materia económica.

El principal problema es que da igual los argumentos económicos que se esgriman sobre la mentira en la que se basan estos independentismos. A diario, estamos viendo a más de dos millones de personas en Cataluña sin ningún tipo de raciocinio, a los que les da igual la aproximación más certera a la verdad. Todo ello porque piensan que son mejores que el resto de los españoles solo por ser catalanes (más trabajadores, más modernos, más democráticos, etc.), algo que al parecer puede venir dado porque genéticamente son más similares a los franceses que a nosotros. Y yo me pregunto ¿qué tendrán los franceses de diferente a los españoles en sus genes?

* Profesora de Economía. Universidad Loyola Andalucía

@msalazarord

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