Para ti, para mí

La imagen de España

Antonio Gil

Hace poco, Carmen González Enríquez, catedrática de Ciencia Política de la UNED, pronunció en Córdoba una brillante conferencia, en la inauguración del curso del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (ESA), con sede en nuestra capital y perteneciente al CSIC, sobre la Imagen de España. La radiografía presentada no tiene desperdicio. He aquí sus principales coordenadas: primera, la imagen de España en el exterior es muy positiva, principalmente en materia de seguridad, democracia, ocio, gastronomía, turismo y carácter de los españoles; desde fuera no se contempla a España como un país corrupto. Segunda, las carencias en la imagen que proyectamos al exterior son principalmente en economía y nuevas tecnologías; hay margen de mejora porque la realidad es mejor que la imagen que proyectamos. Tercera, el gran reto es interior: convencer a los propios españoles de la calidad de nuestro país. Somos los más críticos con nuestro país, con su historia y sus personajes. Cuarta, desde el siglo XIX, los españoles arrastran un cierto complejo de inferioridad colectivo, hasta el punto que Stanley G. Payne, historiador norteamericano, ha dicho recientemente que el español es el pueblo menos patriota de Europa. Como decía Antonio Machado: «Los españoles somos muy severos para juzgarnos nosotros mismos. Hay que ser español para decir las cosas que se dicen contra España». Probablemente, en buena parte, se debe a la ignorancia. Los datos son irrefutables: Vivimos en el quinto país más seguro del planeta; habitamos en el segundo lugar donde menos niños mueren, con una de las esperanzas de vida más altas del mundo; nuestra nación es la segunda de Europa por fabricación de automóviles, la tercera potencia mundial en materia turística y la octava que mayor porcentaje de su PIB destina al Estado del bienestar. Tenemos la suerte de disfrutar de la red ferroviaria de alta velocidad más larga del globo terráqueo, solo superada por la de China. Carmen González puso el dedo en la herida. Y nos hace pensar en los «porqués» de nuestras «autocríticas».

* Sacerdote y periodista

Outbrain