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El que lo hace la paga

«Dudo que este Estado sea capaz de solucionar adecuadamente» el problema catalán

Miguel Santiago Losada

Araíz de los sucesos de Cataluña algunos dirigentes destacados del Partido Popular utilizan esta frase para condenar sin ningún titubeo al Govern de Catalunya. Me llama poderosamente la atención este enunciado criminalizador pronunciado por políticos que manifiestamente se declaran creyentes, viéndolos en ceremonias religiosas, en todo tipo de procesiones, confesándose y comulgando. No entiendo como estas personas después de haber asistido a tantas misas y haber recibido tantas bendiciones eclesiales puedan pronunciar semejante afirmación. Se supone que tanto los que bendicen como los bendecidos son seguidores de uno de los maestros orientales más respetados de la humanidad, Jesús de Nazaret. Precisamente, el Papa Francisco en una homilía del 23 de febrero de 2014 nos decía: «Jesús explica la nueva Ley contrapuesta a la venganza: Han oído que se les dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo les digo: ...si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra (Lucas 6,27-36). No solo no se ha devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza».

Siguiendo con el Evangelio a estos señores habría que preguntarles «¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo’, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Lucas 6, 41-42). Por eso dudo que este Estado, que se dice aconfesional aunque sus poderes son abiertamente confesionales (monarquía, ejército, gobierno, tribunales...), pueda solucionar un conflicto de esta envergadura cuando no tiene la autoridad suficiente en sus hechos. Un Estado que tiene sus cárceles llenas de personas procedentes, más del 80% de los casos, de los barrios con mayor exclusión social y de la lacra de las toxicomanías, mientras la mayoría de los corruptos de este país disfrutan en la calle de su lujosa vida a costa de los demás. Un Estado que incumple la normativa de la Unión Europea y de la ONU con las devoluciones en caliente. Un Estado denunciado por la ONU por la falta de medidas adoptadas («España hace poco y, en ocasiones, mal») frente a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista por la búsqueda de la verdad y la justicia sobre estos hechos, y por la reparación a las víctimas. España es el segundo país del mundo en número de desaparecidos (140.000 personas) cuyos restos no han sido recuperados ni identificados, tras Camboya.

Un Estado cuyo Gobierno tiene tres ministros reprobados por el Congreso. Un Estado cuyo Fiscal General también está reprobado por su actuación ante algunos de los casos de corrupción que afectan al PP. Un Estado cuyas férreas leyes de extranjería comparte la responsabilidad de las muertes de centenares de inmigrantes en sus aguas jurisdiccionales. Podríamos seguir con esta lista indigna de un Estado calificado democrático.

Dudo que este Estado sea capaz de solucionar adecuadamente un problema que requiere de mucha madurez democrática y evitar medidas que profundicen aún más en la herida abierta. Unas medidas que llevan al éxtasis a la extrema derecha, «los del todo atado y bien atado», deprimiendo a una mayoría de ciudadanos que desearían unas actuaciones políticas encaminadas a posibilitar una mejor convivencia entre todas las personas que habitamos en este país. Podrán imponer su voluntad pero así no solucionarán el problema.

En estos momentos sería conveniente recordar las letras de la canción de la cantautora Cecilia, recién muerto el dictador: «Mi querida España (...). ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?».

* Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía

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