La rueda

Esclavitud femenina

Magdalena Entrenas

Y mientras todos opinábamos sobre la elitista Fórmula Uno y sus azafatas y lo poco ejemplificante que es el rol que traduce, una vez más nos pasaba desapercibida la noticia que en letra menuda y esquina de página decía: «Liberadas dieciséis nigerianas explotadas --y secuestradas-- sexualmente en Zaragoza». Aún no puedo perdonármelo y espero que ustedes tampoco.

Estamos siendo tan indolentes y hasta tan naturales ante noticias como esta que cuando me paro y reflexiono sobre ello, siento que el alma se me encoge mientras miro a mi hija de 16 años, ya 17, esa por la que tantas veces declaro que haría cualquier cosa para protegerla, e imagino que es ella la que está hacinada con otras niñas en un zulo, arrancada de mí, vejada, sin comida, sin aire limpio, sin ropa, maltratada y obligada a ser un objeto sexual cada día para decenas de hombres, o lo que es lo mismo, ser violada cada mañana, cada tarde y cada madrugada... Pero no es mi hija, ni la suya, ni la de su amigo o vecino, y por eso, simplemente, pasamos la página del periódico y, sin más, a otra cosa mariposa. Esas esclavas sexuales que leíamos con distancia que existieron en Japón durante la Segunda Guerra Mundial siguen existiendo hoy por hoy, son reales y desgraciadamente actuales; las mismas esclavas sexuales que hay en el Estado Islámico y que cuando huyen relatan auténticos horrores; las mismas que son raptadas desde niñas en países africanos como carne fresca e idénticas a las esclavas sexuales latinoamericanas que son traídas con engaño por organizaciones criminales de trata a la avanzada Europa y que son violadas cada día.

No son sus hijas, ni la mía, pero puede que estén muy cerca de usted, en la puerta de al lado o en la calle de enfrente, o en las afueras de su ciudad, porque ahora les daré un dato escalofriante recientemente publicado: el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España, en nuestra España, son esclavas sexuales del siglo XXI, fruto de la trata de mujeres por redes de proxenetismo.

Y yo digo: ¿dónde están los políticos y sus políticas para esto? ¿Dónde las medidas para erradicar tamaño desatino? ¿Es que nosotros, todos, no vamos a hacer nada?... Pues parece que leer esto, suspirar y seguir echando la vista para otro lado.

* Abogada

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