Para ti, para mí

Bangassou, en la catedral

Antonio Gil

Ayer, la diócesis de Bangassou y su obispo, Juan José Aguirre, se hicieron presentes en la catedral de Córdoba, al presidir éste la misa coral, con miembros del cabildo. Fue un encuentro emotivo en torno al altar de Dios. Juanjo, más conocido así por sus más allegados, es un obispo cordobés, misionero comboniano, que ha entregado su vida por completo al anuncio del evangelio a los más pobres, a los más débiles, ya que su diócesis, enclavada en la República Centroafricana, se ve continuamente asaltada y saqueada, viviendo rodeados de constantes peligros. Lejos de su Córdoba y de su gente, cada día ofrece lo más preciado que un hombre puede tener: sus ideas, sus mensajes y su tiempo, con el único objetivo de evangelizar y ayudar a los mas necesitados. Ayer, en el momento de la homilía, sus palabras calaron profundamente en todas las personas que asistían a la eucaristía, narrando sus vivencias por los continuos asaltos de violencia y de muerte que se producen en su diócesis: “Abrimos de par en par las puertas de nuestra catedral, acogiendo a centenares de personas para evitar que fueran masacradas. Sentía cómo cruzaban cercanas las balas, casi rozando nuestros cuerpos, cómo no cesa el odio y la violencia, en intentos constantes de matar, de destruir vidas de mujeres y niños. Después, el dolor ante las tragedias, el recoger muchos cuerpos destrozados con la sangre ya negra empapando la tierra, para darles sepultura en una fosa común. En los asaltos, lo destruyen todo, lo arrebatan todo”. Las palabras del obispo Aguirre entraban no sólo por los oídos sino que atravesaban el corazón. Nos habló tambien del “secreto de las ranas”, que, en un momento determinado, se sumergen hasta el fondo de las charcas para recuperar fuerzas. “Así, nosotros encontramos la fuerza de lo alto, sumergiéndonos en el amor de Dios a su pueblo, en el silencio de la oración”. Ciertamente, en la misa coral de ayer, se hizo presente la diócesis de Bangassou, sus terribles problemas, la necesidad de que tantos problemas y angustias impregnen de recuerdo y solidaridad nuestras vidas y nuestro caminar, por los pueblos que son perseguidos. ¡Cuánto amor necesita tanto horror!.

* Sacerdote y periodista

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