Tribuna abierta

Un alegato feminista

‘El cuento de la criada’ y la reflexión sobre la llamada «maternidad subrogada»

Antonio González Carrillo

Una de las lecturas de éste verano de 2017 es sin duda la inquietante novela El cuento de la criada de la escritora canadiense Margaret Atwood que también ha sido llevada a la pantalla como serie de televisión, en una ópera y un ballet con enorme éxito y que ha recibido numerosos premios literarios y audiovisuales como los Grammys.

¿Quienes son las criadas? Serían las mujeres fértiles convertidas por un régimen totalitario en Norteamerica en meros vientres de gestación para los jerifaltes de una dictadura puritana que niega los mínimos derechos a las mujeres, reducidas en su feminidad a ser solo cuerpos reproductivos sin posibilidad de reclamar a sus hijos que pertenecerían a las esposas estériles de los gobernantes.

Los altos cargos del régimen podrían escoger a aquellas mujeres que habían demostrado actitudes reproductivas por haber tenido con anterioridad uno o más niños saludables, como es el caso de la protagonista. La autora nos describe un mundo futuro donde la capacidad de engendrar escasea a causa de la contaminación ambiental, como podría estar pasando hoy en el agudo declive de la fertilidad de los varones en China, por ejemplo.

Las causas de la vertiginosa caída de la natalidad en el mundo sería debida a una epidemia de sífilis que eliminó a gran parte de la población joven sexualmente activa y con capacidad reproductiva, además de las malformaciones genéticas a raíz de accidentes nucleares y el uso generalizado de insecticidas y herbicidas. En Rumanía se han prohibido por parte del gobierno los métodos anticonceptivos del control de la natalidad y se ha aumentado el salario de las parejas en función de la fertilidad.

En el mundo han proliferado las clínicas de inseminación artificial y el uso de madres de alquiler por parte de celebritys del mundo del espectáculo y del deporte.Por otra parte la historia nos ha enseñado cómo en dictaduras del cono sur latinoamericano algunos militares y clases burguesas sin hijos, con el afán de tener descendencia a cualquier precio, confiscaban los hijos de las presas a las que a continuación ejecutarían de manera vil.

Es este un relato distópico: vemos cómo las criadas eran reclutadas y sometidas a un severo lavado de cerebro, por el que renunciaban a su identidad anterior, sin derechos ni protección alguna, y sin la más mínima posibilidad de huir de la ciudad donde estarían recluidas y menos aún de rebelarse. Eran ofrecidas como si de una ofrenda religiosa se tratara, víctimas de un sacrificio. Mujeres en perpetuo estado de minoría de edad.

Estas criadas estarían vigiladas por otras mujeres, las tías quienes las culpabilizarían de su situación, haciéndoles creer que les están haciendo un favor, porque en su mundo feliz nadie las viola, o al menos no es un desconocido y están mejor en esa prisión que limpiando los residuos tóxicos en las llamadas colonias que les llevarían a una muerte segura.

Esta novela es un alegato feminista que se rebela contra una dictadura religiosa monoteísta, que guarda cierto parecido con la Norteamerica de Trump, contra la mezcla de religión y política que pretende sojuzgar a las mujeres y encorsetarlas en un modelo patriarcal profundamente reaccionario que la autora quisiera como utopía negativa que no se diera nunca, que nunca tuviera lugar porque la esperanza viene de la mano de un movimiento de resistencia que se rebela con astucia e inteligencia contra la esclavitud sexual que les ha sido impuesta.

En esta obra Atwood quiere también hacernos partícipes de un posible golpe de Estado en América que acabaría con la democracia liberal que sería sustituida por un régimen puritano, herencia de los puritanos del siglo XVII, donde el Congreso y la Constitución habrían desaparecido y universidades prestigiosas como la de Harvard o Yale acabarían por convertirse en seminarios de Teología dogmática.

¿Porqué ha tenido tanto impacto entre nosotros éste relato de ficción? Porque ha abierto el debate acerca de la maternidad alquilada por el cual solo algunos ricos podrían tener hijos si así lo deseasen mediante el pago de una cantidad dinero como se viene practicando en la India y en algunos países del Este por parte de parejas occidentales acaudaladas, que es una práctica que está siendo cuestionada por las autoridades indias.

En España el proyecto de ley de gestación subrogada en trámite en el Congreso de los diputados por parte de grupos liberales y progresistas se presenta como una acción altruista sin ánimo de lucro. La realidad en el mundo desigual donde priman las relaciones mercantiles no es así, sino distinta, porque niega la identidad de las mujeres como sujetos libres en sociedad. Hay quién como la vicepresidenta valenciana Mónica Oltra plantea la posibilidad de la aceptar dicha práctica entre familiares, entre hermanos que desean tener hijos sin conseguirlo, pero sin igualarla en ningún caso a una donación de órganos como un riñón a una gestación de un ser humano.

El dilema ético de la maternidad subrogada sigue abierto y sin resolver por la sociedad dado que el cuerpo femenino no es ni puede ser un recipiente en manos de los poderosos sino que por el contrario las criadas deben recuperar su capacidad de elección porque la identidad de los seres humanos es la libertad. Mujeres para decidir libres que en ningún caso se deba a una necesidad urgente de tener que alquilar su cuerpo.

* Profesor

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