LA CONTRACRÓNICA

Se sintió como en casa

La afición desplazada hasta el Santo Domingo animó durante los 90 minutos, insuflando de esperanza a sus jugadores, en un apoyo vital para la remontada. La permanencia parece ahora posible

Los hinchas cordobesistas celebran el segundo gol, obra de Aythami.
SERGIO REYES / LOF
José A. Pérez Lunar

Qué manera de animar, de sufrir y de apoyar a su equipo tal como dicta la letra del himno, «para bien o para mal». La caravana de valientes desplazada hasta Alcorcón, en un viaje de 800 kilómetros entre la ida y la vuelta, se convirtió en más de 300 gargantas que no cejaron de cantar durante los 90 minutos del partido de ayer, en el municipal de Santo Domingo. El campo del Alcorcón parecía El Arcángel, con una afición visitante enfervorecida, que incluso con el 1-0 en el marcador jamás se cansó de apoyar a sus jugadores.

Hace dos semanas, antes de ganar al Valladolid, el Córdoba se encontraba a 14 puntos de la permanencia, que parecía una utopía incluso para los más optimistas. Los 330 valientes que regresaron bien entrada la noche de ayer a la ciudad califal, posiblemente lo primero que hicieron al llegar fue mirar la clasificación, para comprobar que la salvación se encuentra ahora bastante más cerca, a ocho puntos. Obviamente sigue siendo una distancia importante, pero no tan insalvable como hace quince días.

El cordobesismo cree más que nunca en la permanencia, con un calendario que viene de cara

El «sí se puede» sigue siendo el lema guerrillero que acompaña a este Córdoba en la dura pelea por mantenerse una temporada más en la Segunda División del fútbol nacional. Le va la vida en ello, y el club no escatima en lo que sea necesario para que la piña entre la afición, los jugadores y la directiva sea total. A ello también apoya un Sandoval que transmite unas energías y ganas tremendas, aunque sus decisiones no siempre sean las más adecuadas.

«¡Que bote El Arcángel!»

La tarde de Alcorcón deparó muchos momentos especiales, instantes que evocaban a épocas mejores, imágenes que pusieron el vello de punta. Como ese cántico de «que bote El Arcángel», que siguió al gol de Aythami. Porque ayer el Córdoba se sintió como en casa, y eso se notó, y de qué manera, en los diez minutos finales, cuando el equipo local se volcó sobre la meta de Kieszek en busca de la igualada. Los fantasmas del pasado recorrieron la cabeza no solo de los jugadores, sino también de los hinchas desplazados hasta la ciudad madrileña, y de los que desde casa sufrían pegados al sofá sin pestañear.
Sin embargo no era una tarde para la decepción, sino que lo fue para la esperanza. La valentía es propia del héroe que contra todo pronóstico se levanta de los golpes sufridos y está presto para la batalla. Esa gallardía va tornando poco a poco en esperanza, incluso en optimismo.

Un futuro alentador

La próxima semana el conjunto cordobesista recibe al Lugo, un equipo que, si bien está en la zona media-alta de la clasificación, lleva casi dos meses sin ganar fuera de casa. Los gallegos, además, acumulan tres derrotas, dos empates y solo una victoria en sus seis últimas jornadas. Por si no fuera poco con esto, los rivales directos del Córdoba por la permanencia tienen duros encuentros el próximo fin de semana. El Nástic, que marca el límite con el descenso, tiene que visitar el duro campo de Los Cármenes ante el Granada, que es un equipo que suele sacar los partidos en su feudo. El Alcorcón recibe al Valladolid, un equipo metido en la pelea por el play-off de ascenso. Y la Cultural tiene que visitar El Molinón para jugar ante un Sporting que llega lanzado. Con las reservas propias de lo vivido esta temporada, el cordobesismo tiene razones para creer. Que todos los viajes sean caravanas de valientes, y la vuelta a casa, con la misma felicidad que la de ayer. 

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