EL ESCRITOR CORDOBÉS PRESENTA EN MADRID POEMAS PARA SER LEÍDOS EN UN CENTRO COMERCIAL

Pérez Azaústre se vale del cine para expresarse en su nuevo poemario

En esta obra vuelve a alternar prosa y verso, celebración y devastación. El autor vincula la «desolación de la cultura» al abandono de salas de proyección

Joaquín Pérez Azaústre, ayer, tras la presentación de su poemario en Madrid.
CÓRDOBA
Carmen Lozano

Cuando era muy joven viví la fuga del cine de las salas habituales de la ciudad, primero a los multicines y después a los centros comerciales, y lo que antes era un espacio de reserva social, porque la gente iba al cine y después a cenar o a mantener una charla, se ha ido cada vez individualizando más», señaló ayer el escritor cordobés Joaquín Pérez Azaústre durante la presentación en Madrid de su último libro, Poemas para ser leídos en un centro comercial, que califica como el que «mejor me nombra como persona y como escritor y es una fotografía muy cercana de lo que soy». En esta obra, que comenzó a escribir hace diez años, el autor vuelve a alternar poesía y prosa para tratar de describir «la desolación que vive la cultura». Como en todos sus libros, hay una dualidad y un pulso entre una visión celebratoria de la vida y otra más desencantada y desolada, incluyendo aquí un guiño al exilio político que se desprende de las circunstancias actuales.

Acompañado por Ana Gavín, directora de la Fundación José Manuel Lara, e Igancio Garmendia, editor literario de la colección Vandalia, Azaústre confesó que se trata de un libro que «parte de la imagen de los centros comerciales como lugares de esparcimiento o últimos refugio de la gran cultura popular y del cine», por lo que la estructura de la obra responde al movimiento humano por unos grandes almacenes, «donde podemos encontrarnos el cine al alcance de la mano, pero no únicamente como una serie de películas que forman parte de mi biografía sentimental, sino como una manera de transcender la propia experiencia vital y vivir dentro de esas películas lo que me sucede en la vida», insistiendo en que «lo que antes era una experiencia compartida, no muy diferente a las viejas ágoras griegas, ahora es completamente individual, con lo cual hay una degradación del momento de disfrute del cine».

Pero en este libro, Azaústre también ofrece un significado simbólico o metafórico de cómo la cultura, en los últimos tiempos, «está siendo golpeada y devastada como esos centros comerciales que también se caen a pedazos», de ahí que una de las partes del libro se denomina Salas abandonadas, «que antes fueron un territorio de sueños y ahora viven un escenario de desolación, algo que también creo que está viviendo la cultura». El escritor, al que le gustan los «territorios mixtos», vuelve a dirigirse a un público amplio, ya que «al utilizar el cine como vehículo de expresión doy una cierta ventaja al lector porque también se mira en esa experiencia estética».

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