REPORTAJE

Cien años de ‘La Saeta’

La famosa obra de Julio Romero de Torres centró ayer una interesante tertulia que abordó desde la adquisición del cuadro en 1990 a su lugar en el Palacio de Viana o su aspecto cofrade y pictórico

T. Fernández, J. Cabrera, Mercedes Valverde, L. Izquierdo y M.José Ruiz.
SÁNCHEZ MORENO

CARMEN AUMENTE cultura@cordoba.elperiodico.com CÓRDOBA

Este año cumple un siglo uno de los cuadros más emblemáticos de Julio Romero de Torres, La Saeta, y entre los actos que este mes de noviembre se van a dedicar al pintor cordobés, a iniciativa de la empresa Érase una vez Córdoba, con la colaboración de las instituciones de la ciudad, anoche tuvo lugar una tertulia en torno a esta obra, que fue analizada desde distintos puntos de vista.

Mercedes Valverde, directora de los Museos Municipales y una de las mayores expertas en Romero de Torres, desveló la forma en que fue adquirida La Saeta, en el año 1990, por el entonces Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Cajasur, gracias a su mediación. Valverde relató que La Saeta, pintada por Romero de Torres en 1918, iba a ser subastada en la sala Sothebys de Londres con el número 286 en el catálogo y que el Estado español ordenó la suspensión de la subasta para impedir que el cuadro saliera del territorio nacional. «Yo tenía gran amistad con Regina Soltura, dueña de la huerta de Los Arcos, que tenía casa en Biarritz y Bilbao, y al saber que ella conocía a la coleccionista vasca Concepción Larrañaga, propietaria del cuadro, la llamé». Así pues, según Mercedes Valverde, «hicimos la compra directa con esta coleccionista y Cajasur pagó 11.250.000 pesetas por el cuadro». Al año siguiente se realizó una gran exposición para presentarlo a la ciudad.

Ahora se exhibe en el Palacio de Viana, como pieza destacada de la Sala de los Tesoros de Cajasur. El director de Viana, Leopoldo Izquierdo, que participó ayer en la tertulia, contextualizó la presencia de la obra en el espacio museístico, donde tiene un papel destacado, pues «es la última obra del espacio dedicado a Romero de Torres, tras los retratos de Muñoz y Gassi y Amor místico, amor profano, y enlaza con la sala contigua dedicada a pintura religiosa», con obras de Valdés Leal y Antonio del Castillo que «tuvieron influencia en Romero de Torres».

La pintora María José Ruiz ofreció el análisis pictórico de la obra y cómo Julio Romero sigue siendo fuente de inspiración para los pintores contemporáneos. Jesús Cabrera abordó su relación con la Semana Santa. Amalia La Gitana, la protagonista, lleva mantilla negra.

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