POESÍA

La epifanía o un sendero de luz

El poeta cordobés José Luis Rey publica su nuevo poemario en Visor

Pedro G. Cueto

‘La epifanía’. Autor:José Luis Rey. Editorial: Visor. Madrid, 2018.

Navegan los poemas de José Luis Rey en su último libro, titulado La epifanía, como si fuesen gaviotas cerca del mar. Hay un universo celeste en cada verso, como si la aurora creciese en el palpitar del verso. Dividido en cinco libros, he elegido un poema de cada libro porque expresa muy bien la intencionalidad del mismo, ese afán por abrir una senda en la palabra, hablar de los temas que al poeta cordobés le interesan: la infancia, el lenguaje, el paso del tiempo, la idea de la redención en la palabra y en el acto amoroso.

Del primer libro, destacaría «Trascendencias del juglar», donde expone ese arraigo a la tierra, todo es pertenencia en ese afán de sentir el peso de la vida, su sedimento, su simiente: «Tiempo mío, jamás me diste tierras/ni bienes, pero yo/recorrí los países hasta el mar que cantaba/tan libre y buen amigo del poeta». En ese tiempo que ha pasado, vemos que el hombre es libre, vive la amistad con el poeta, porque este es otro tema del libro, la aparición del otro, que completa al ser que escribe, el ensimismamiento de «La epifanía» va abriendo senderos a otro ser.

En el libro segundo se incluye «Hijos de una sola belleza», donde la aparición del otro ser va dando forma a los versos, hay en la cabellera rubia del otro una certeza de un tiempo de felicidad. Aquí aparece otro tema del libro, la ficción, el que relata historias. Hay una vida que supuestamente debemos vivir, pero está la otra, la imaginativa, la que vamos componiendo poco a poco. En estos versos vemos ese deseo de relatar, que es también el origen de todo, porque la literatura fue oral, desde aquella atalaya del tiempo el poeta va trenzando su tejido, sabe que la epifanía es también la manifestación, en su origen griego y es, sin duda, el libro una manifestación de un ser que va contando historias, va dejando su relato a los lectores, ya inmersos en su apasionante lectura. Desde ese universo de relatos, el libro va enlazando poemas, va dejando dos voces, la del poeta y la que va traduciendo el lector, que interpreta el lenguaje de los versos, convirtiéndose, como muy bien dijo Paco Brines, en un segundo poeta.

La idea del amor está presente, late en muchos poemas, pero también la del paso del tiempo, como expresa en el libro tercero el poema «Los maestros impresores». El recuerdo, el pasado, va cincelando el tiempo, somos seres errantes, seres que nos vamos difuminando, el poeta lo sabe. José Luis Rey escribe poemas donde el pasado es eco, nostalgia, un ayer que nos definía mejor que en el presente. Quizá este nos borra cada día, en un mundo cada vez más deshumanizado, sin detalles, sin aquellos instantes donde podíamos sentir el tacto de la madre, su olor, el olor de la comida, la lectura, ese ámbito secreto que ya se convierte en amante para siempre.

José Luis Rey hace del libro un pentagrama de emociones, abierto como una herida a la luz del alba, como dice el poema titulado «Oh salva el que más ama» del libro cuarto. Solo en la infancia no se manifiesta el dolor, porque la conciencia no es completa, el hombre vive su albor, su crecimiento sensitivo, abierto siempre a la sorpresa y a la emoción, lo que niega el mundo adulto.

Y en el libro quinto llega «El otro amanecer», quizá después de la vida, donde ya no seamos más que ecos de un tiempo que pasó, donde seamos espuma que se vierte en el mar, volaremos en el aire, incapaces de perder vuelo, porque seremos piedras que ascienden hacia el infinito: «El otro amanecer será de piedra,/ pero la piedra vuela como un niño/Qué alegría los ojos cerrados que algún día/se abrirán en el otro amanecer». Cierra el libro este poema, porque queda esperanza, hay un afán de amar la vida, pese al desengaño adulto, al apego continuo a la ficción, al refugio de la poesía como a un Dios que nos salva de la mediocridad de la vida, este poema completa esta manifestación que se va gestando en muchos otros poemas que podrían dar lugar a un estudio donde el poeta cordobés va tejiendo lentamente los hilos del idioma para hacer un buen tapiz, es decir, un libro de poemas de gran calado existencial.

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