Una antología de Guillén Acosta

Manuel Quiroga Clérigo

Cuando no se conoce la obra de un poeta es muy interesante leer pequeñas, o grandes, antologías donde se seleccionan poemas sobresalientes de su producción. De esta manera podemos dar una idea de su obra. Este es el caso de los versos contenidos en una Antología poética de Carmelo Guillén Acosta, editado para las Jornadas Humanísticas de Huesca (2016), que nos permite acercarnos a parte de los versos que ha ido escribiendo este profesor sevillano director de la colección y del premio Adonáis. Guillén ha reunido parte de su obra en Aprendiendo a querer. Poesía (revisada) completa 1977-2007) aunque sigue publicando, siendo La vida en secreto de 2009 un libro donde, también, entiende la poesía como un acto de amor. En este ejemplar tenemos una serie de poemas que dan buena cuenta de su quehacer y permiten penetrar en ese universo amplio y delicado de los sentimientos y los deseos. «Mi vida se reduce nada más que a querer,/así levanto el día y así se hace corto», escribe en «Como hasta ahora», y en «Razón de la amistad»: «A lo mejor es esto la amistad: mirar un río/y ver que alguien lo mira como tú,/no digo con los ojos,/ni siquiera abriendo una ventana./Es más: ni con empeño». El poeta relata tus intimidades, («Aprendiendo a querer me iré un día de estos»), traslada a los demás sus preocupaciones, inventa un mundo propio que muestra a los demás, como si estuviera abriendo una puerta al infinito diálogo de la poesía: «Uno tiene deseos de querer más que nadie». Es su manera de mostrar sus cavilaciones, sus reflexiones en torno al ámbito lírico. Lo constatamos en un hermoso y corto poema, «Carne de su carne»: «Los amigos me piden que me refiera a ella/como consoladora, de la que fui engendrado;/claro que, si lo hago, debo hablar de mi infancia/y no creer un ápice para que surta efecto./Así pues, me pronuncio a favor de su vientre,/¡qué forma más materna de amar me prodigó!;/después, tendré que darla un lugar a mis ojos,/¡nunca me miró nadie con aquella ternura!,/para sus manos tengo un lugar especial,/¡con qué fidelidad me han seguido acogiendo!/Hablaré finalmente de cómo eran sus obras./Imagínenselas: ella me conformó/a su imagen divina. Soy carne de su carne». Nada le es ajeno al poeta, la infancia, la cercanía del amor, la felicidad de mantener intacta la memoria. Son cuestiones que aparecen en otros poemas, como en «Bendición»: «Quien atiende a su madre asegura su alma...». Los suyos son versos adecuados para dar fe del valor de la obra del autor.

‘Antología poética’. Autor: Carmelo Guillén Acosta. Jornadas humanísticas de Huesca (2016)

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